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Según un informe, mafias brasileñas, mexicanas y colombianas ocupan territorios de Bolivia. “Los mexicanos se ocupan de controlar pueblos, los brasileños aspiran a lograr un monopolio y los colombianos actúan en los parques nacionales”, indica.
Sobre la situación, Jorge Luis Vidal, especialista en Seguridad Pública y analista en Inteligencia Delictual, expresó, al aire del programa El Puente, que se emite por Radio Mitre Rosario: “La cocaína es un negocio ilícito trasnacional. Decimos que todo lo que derrama Colombia, hacia el norte, va a México, y al este, a Venezuela, para que salgan hacia países como Estados Unidos y Canadá; y desde Venezuela también hacia el Caribe y algo de Europa. Pero también baja, y países que son cocaleros como Perú y Ecuador, o Paraguay y Bolivia, de no tan buena calidad como la de Colombia, donde también fluye el dinero de las bandas trasnacionales”.
En esa línea, comentó que “las disputas en los territorios geográficos para las plantaciones y el cultivo tienen que ver con lo que le pasa a Bolivia. Este país, histórica y ancestralmente es un país cocalero, y en este caso el gobierno tiene que actuar a través de la sustitución de cultivos. Dicho de esta manera, resultaría fácil, y llevado a la práctica es realmente difícil”.
“La lucha por el terreno, por la parte geográfica y la economía hacen que esos lugares se vuelvan invivibles, y donde las rentas criminales son más importantes de lo que pueda hacer el Estado”, amplió el especialista.
En tanto, señaló que lo que pasa en Bolivia, “nos está alcanzando a nosotros también. La salida de toda esa droga que no sale hacia el norte, viene para acá. Un kilo de cocaína pura, en Colombia vale 750 dólares, y en una frontera para salir del país, asciende a 3000 dólares; en Europa 30.000 euros, pura, es decir si el narco no la estira. Eso da lugar a que logísticamente puedas hacer cualquier cosa, cualquier movimiento. Hemos detectado droga que salió de Colombia y terminó partiendo del puerto de Ushuaia hacia Sudáfrica, de ahí a Madagascar y luego a Medio Oriente. Es decir, con cualquier producto lícito no se podría hacer por los costos”.
En tanto, Vidal analizó la ausencia de los estados: “En Ciudad Juárez o Jalisco, en México, son lugares donde el Estado perdió el terreno en manos del narco, lo mismo que ocurre en algunos lugares de Santa Fe. Y hay pueblos fronterizos en Bolivia donde las rentas criminales superan ampliamente la economía del Estado”.
No obstante, aclaró que “luchar contra este flagelo está dado por la profesionalidad de las fuerzas de seguridad, por los recursos económicos que aplicas a esa lucha, por la decisión política de atacar este tipo de problemas, tener una justicia proba y no corrupta ye l coraje de hacerlo. Porque esa es otra cuestión, una cosa es decir ‘vamos a atacar a las mafias’ pero después, cuando se sientan en un sillón nadie se anima a hacerlo”.
“Cuando uno comienza a quitarle el negocio a estos clanes de la droga -continuó-, y un día se les secuestran 500 kilos, 1000 kilos la semana siguiente, 2 toneladas dentro de un mes, y en algún momento toman nota y dan cuenta que les están faltando muchos millones de dólares. Ahí van a empezar a ver quién los está atacando así, van a tomar nota del funcionario y le van a mandar un mensaje, que generalmente no son de felicitaciones”.
Además, remarcó que “el manejo de dinero que tienen es tan fastuoso, que ojalá me equivoque, pero pueden manejar una provincia aquí, cuando estás totalmente desarmado, con los brazos caídos y sin poder llevar adelante ninguna política coherente de lucha contra el narcotráfico”.
Sobre las acciones de prevención, Vidal expresó: “Tuve la suerte de trabajar con Matías Lobos, que fue el director nacional de Fronteras en el anterior gobierno y habían puesto en funcionamiento varios radares, algunos que vinieron de España, otros que puso el Ejército y según tengo entendido no están funcionando más”, ubicados en Tartagal, Salta.
Finalmente, aseguró que “o funcionan más por decisión política, no hay otra cuestión, o económica, por no poder solventar el costo de mantenimiento. Conozco mucho el norte del país, y con cualquier avión ves una cantidad importante de pistas y como no hay una ley de derribo, que sí tiene Brasil. Somos muy permeables en el norte, y hay que tomar muy seriamente esto, como en su momento se hizo. Pero es sabido que si tomás algo que está en el tercer subsuelo, es bastante complicarlo llevarlo incluso a planta baja”.

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