Cumbre del balón y la billetera: tragicomedia del poder en el fútbol argentino
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
En el estadio cubierto de Instituto de Córdoba se reunieron dirigentes para “pensar el futuro del fútbol”. Con Claudio Tapia y Pablo Toviggino como estrellas de la función, el tercer encuentro del Consejo Federal dejó una postal conocida: discursos solemnes, un paro absurdo que frenó la pelota y clubes que empiezan a correrse de un comité ejecutivo cada vez más discutido.
El fútbol argentino tiene una virtud extraordinaria: siempre logra superarse en el arte de la tragicomedia. Y el tercer encuentro de dirigentes organizado por el Consejo Federal fue otra escena perfecta de esa obra interminable.
La cita fue en el estadio cubierto de Instituto de Córdoba. Un lugar cerrado, ideal para algo que en el fútbol argentino suele suceder bajo techo: las discusiones sobre poder, dinero y control del juego. Allí llegaron dirigentes de todos los rincones del país para hablar, supuestamente, del futuro del deporte más popular del planeta.
En el centro de la escena, como no podía ser de otra manera, aparecieron las figuras estelares: Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino. Dos nombres que ya no necesitan presentación en el ecosistema del fútbol argentino. Donde está uno, aparece el otro. Como en esas duplas inseparables del cine, pero en versión dirigencial.
La escena tenía algo de liturgia política. Aplausos, discursos, fotos institucionales y palabras sobre el crecimiento del fútbol del interior. Todo muy prolijo. Muy ordenado. Muy correcto.
Hasta que uno recuerda que hace apenas días el fútbol argentino vivió uno de los episodios más surrealistas de su historia reciente: un paro tan ilógico como irrisorio que dejó la pelota quieta. Un paro que nadie terminó de explicar con claridad. Un paro que, curiosamente, apareció justo cuando empezaban a sobrevolar preguntas incómodas sobre la ruta del dinero de la AFA.
Y ahí la tragicomedia se vuelve más evidente.
Porque mientras algunos dirigentes hablaban de desarrollo y federalismo, afuera del salón hay clubes que ya no quieren participar del juego tal como está planteado. Instituciones que decidieron dar un paso al costado y no formar parte del comité ejecutivo. Un gesto silencioso, pero que dice mucho más que cualquier discurso.
Cuando los clubes empiezan a correrse de la mesa, algo está pasando.
El problema del fútbol argentino nunca fue la falta de pasión. Eso sobra. Lo que falta, muchas veces, es transparencia. Y cuando la discusión sobre el dinero aparece, el clima se vuelve espeso. Demasiado espeso.
En Córdoba se habló de unidad. De crecimiento. De fortalecer las estructuras del fútbol del interior. Todo suena bien en un micrófono. El problema es que el hincha, el socio y hasta muchos dirigentes ya aprendieron a escuchar entre líneas.
Porque mientras en los escenarios se multiplican los discursos, en las tribunas crece una pregunta que nadie logra apagar.
¿El fútbol argentino se gobierna pensando en la pelota… o en la caja?

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