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«Me gustaría volver atrás y volver a tener esa situación», declaró Lionel Messi en mayo de este año en una entrevista a TyC Sports. El astro rosarino se refiere a la jugada que le pudo haber cambiado su destino, su vida, el enorme peso sobre sus hombros y que seguramente hubiesen sepultado todas las brutales críticas que recaen sobre su figura.
Se jugaba apenas poco más de un minuto en el segundo tiempo de la final del Mundial Brasil 2014, el imponente Maracaná como escenario. Asistencia de Biglia, Leo domina la pelota sobre la izquierda del ataque argentino, tiene buen ángulo, la zurda lista, Boateng ya no lo alcanza, Neuer frente a él. Sale el remate cruzado, solo queda gritarlo con el alma y abrazarse, así sucede siempre cuando saca el tiro desde ese sector, pero justo esa vez, no.
La «Brazuca», diseñada para esa Copa del Mundo, coqueteó con el palo izquierdo de Neuer que fue un espectador de lujo, no tenía nada que hacer y quedó a merced de lo que era casi un milagro, que Messi falle desde allí. No fue gol, increíblemente no entró. Ver la jugada es una puñalada directa al corazón de cualquier futbolero, ni hablar para el propio capitán de la Albiceleste al que la FIFA se la recordó algunos meses después.
Claro que no sólo el 10 tuvo en sus pies la gloria eterna, Pipa Higuaín en la primera mitad y Rodrigo Palacio en el tiempo extra pudieron ser el Burruchaga que tuvo Maradona, pero tampoco. Uno, estupendo goleador, se apuró cuando le cayó un regalo impensado y comenzó allí un bloqueo psicológico en finales con Argentina, mientras que el otro fue siempre un muy mal terminador de jugadas y eso no cambió: era por abajo.
Es que aquellas dos ocasiones forman parte de un lamento generalizado, claro que logran que los insultos caigan de la boca de cualquier argentino al repasarlas, pero la que tuvo Messi es otra cosa. Es hipotético, pero con poco temor a errar la estadística, sobre cien remates que la Pulga saca desde ese sector, lo más probable es que entren 95, siendo generoso con los que van afuera. Uno de esos pocos, justo el día que tenía que ser gol. No por la Selección en sí, tampoco por el país, por él.
«Le pegaría igual pero con más empeine», confesó el crack en la citada entrevista televisiva, sabiendo cuál hubiese sido el gesto técnico más acorde. No pudo ser. Tampoco es posible realmente que Leo pueda viajar en el tiempo, ni el Doc Brown podrá ayudarlo a volver a aquel instante en el que todo pudo haber cambiado, ese amanecer del complemento de la final del Mundial contra Alemania.
