El Mundial de los dólares invisibles
US$40 millones, giros al exterior, balances opacos y silencios incómodos: cuando la gloria deportiva choca de frente con la contabilidad.
Por Mauro Yasprizza.
Hay triunfos que entran en la historia y otros que, con el tiempo, piden auditoría. El Mundial de Qatar 2022 fue una consagración deportiva incuestionable. Pero alrededor de ese festejo eterno hoy se amontonan preguntas que no admiten gambetas retóricas ni pases al vacío. Porque cuando la plata no aparece en los libros, el problema deja de ser futbolero y pasa a ser institucional.
La versión que circula —y que merece ser tratada con bisturí periodístico, no con espuma de redes— señala que los premios internacionales otorgados por FIFA y CONMEBOL a la Asociación del Fútbol Argentino por la consagración en Copa Mundial de la FIFA 2022 habrían sido girados a una sociedad en el exterior. El monto mencionado ronda los US$40 millones. El punto crítico no es la cifra —alta pero esperable para un campeón del mundo— sino la trazabilidad.
Según esta información, en los registros públicos de la AFA no constaría el ingreso de esos fondos al país, ni su impacto en memorias y balances. No se habla de una sentencia ni de una condena —eso sería falso y temerario—, pero sí de una opacidad que, como mínimo, exige explicaciones claras. En cualquier organización seria, el recorrido del dinero es tan importante como el resultado deportivo.
El contexto económico argentino vuelve la sospecha más espesa. En 2022, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo superaba holgadamente el 100%. En ese escenario, la pregunta incómoda surge sola: si los premios fueron cobrados en dólares afuera, ¿cómo y a qué tipo de cambio se habrían liquidado los pagos a los jugadores y al cuerpo técnico? ¿Dólares reales o pesos al oficial del día? No es un detalle técnico: es una diferencia de millones.
Aquí aparece el nombre del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, no como acusado sino como responsable político e institucional de dar respuestas. El fútbol argentino ya aprendió —a los golpes— que el silencio suele ser el peor comunicado. Y que cuando las cuentas no cierran, la épica no alcanza para tapar los agujeros.
Esta columna no afirma delitos ni reparte condenas. Hace algo más simple y, a la vez, más necesario: pide luz. Que se expliquen los circuitos financieros, que se muestren los asientos contables, que se despeje cualquier duda sobre el destino de los fondos que generó la mayor alegría popular de las últimas décadas. Porque el título de campeón del mundo no exonera de rendir cuentas. Al contrario: obliga.
El fútbol argentino ya ganó la Copa. Ahora tiene que ganar algo igual de importante: credibilidad. Si los dólares existen, que aparezcan. Si los balances están en orden, que se publiquen. Y si todo fue legal, transparente y correcto, mejor aún: que se diga, con papeles sobre la mesa. En tiempos de desconfianza crónica, la verdad no se presume. Se demuestra.

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