El pasillo del revés: Central salió campeón… y Estudiantes giró para no ver el papelón
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
Por Mauro Yasprizza.
En el Gigante, el campeón más insólito del fútbol argentino recibió un homenaje obligatorio: Estudiantes cumplió la orden de AFA, pero de espaldas. Un gesto silencioso, irónico y cargado de dignidad ante un título que nació torcido.
El partido entre Rosario Central–Estudiantes empezó antes del pitazo inicial. Y no por táctica, ni por clima, ni por urgencias de tabla: empezó cuando la AFA decidió proclamar campeón al conjunto rosarino en un jueves que ya quedó en los anales de los premios exprés, las votaciones fantasma y los títulos “de ocasión”. Una coronación repentina, sin aviso y con más preguntas que fotos oficiales.
Estudiantes, presidido por Juan Sebastián Verón, fue el único club que salió a decir lo obvio: nadie votó nada. No hubo debate, no hubo democracia deportiva. Apenas un comunicado y un laurel inesperado para el “Canalla”, como quien entrega un trofeo porque sí, total estamos entre amigos.
La situación tensó el ambiente previo al partido. Y lo que debía ser un gesto de caballerosidad –el pasillo al campeón– se transformó en una escena de tragicomedia. AFA ordenó que Estudiantes hiciera el homenaje… cuando históricamente es un acto voluntario. Un detalle menor para la entidad de Viamonte, acostumbrada a maquillar formalidades con la precisión de un mago cansado.
Así, al momento de la salida, los jugadores del “Pincha” se formaron… pero dieron media vuelta. Literalmente. Pasillo sí, pero mirando para otro lado. Un respeto invertido, un reconocimiento a contramano, un mensaje sin gritos y sin pancartas: lo hacemos porque nos obligan, no porque lo creemos.
La escena duró segundos, pero fue suficiente para incendiar las redes. En un fútbol acostumbrado al bochorno, Estudiantes eligió una protesta silenciosa. Una sobriedad ácida frente a un título que, desde su concepción, ya era difícil de mirar de frente.

Y en esa imagen quedó todo: Central, campeón por decreto; Estudiantes, homenajeando pero negándose a legitimar el trámite; la AFA, árbitro y parte del espectáculo; y el público, testigo de una postal más digna de una tragicomedia criolla que de un ritual deportivo.
No hubo violencia, ni escándalo, ni declaraciones cruzadas. Solo un pasillo de espaldas, que dijo más que cualquier conferencia. Porque a veces, en un fútbol que vive de gestos superficiales, el silencio –y la nuca– pueden ser la mejor editorial.

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