Las Flores, la campaña y el riesgo de convertir los barrios en un ring político
La campaña para las elecciones del próximo año parece haber empezado mucho antes de lo previsto. Y, una vez más, el escenario elegido no fue un recinto legislativo ni un debate público, sino un barrio con problemas reales.
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Por Mauro Yasprizza.
El cruce entre el intendente Pablo Javkin y el referente de Ciudad Futura, Juan Monteverde, trasladó la discusión política a la red social X, donde las acusaciones cruzadas subieron rápidamente de tono. Lo que comenzó con un video sobre la situación de barrio Las Flores terminó convertido en una disputa en la que abundaron las sospechas, los reproches y las descalificaciones.
Todo se inició cuando Javkin cuestionó la presencia de Monteverde en el barrio y lanzó una acusación de extrema gravedad. Sostuvo que vecinos habían informado que tres personas descendieron de una camioneta y dañaron de manera intencional juegos infantiles de una plaza, un hecho que —según indicó— fue denunciado. El intendente remarcó que, al día siguiente, Monteverde grabó un video en ese mismo lugar y cerró su publicación con una frase cargada de confrontación: “No vale todo. Está claro que somos muy, pero muy, distintos”.
La respuesta del dirigente de Ciudad Futura no tardó en llegar. Monteverde rechazó de plano cualquier vinculación con esos hechos y cuestionó duramente al jefe municipal. “Lo verdaderamente grave es que un intendente, además de censurar y perseguir a quien piensa distinto, ahora pretenda inventarle causas a la oposición”, escribió. Luego contrapuso esa polémica con otros problemas estructurales del barrio, como el estado de la infraestructura, el acceso al agua y la acumulación de basura, para sostener que esas son las verdaderas preocupaciones de los vecinos.
En medio de esa disputa apareció una tercera voz. La presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, salió a respaldar la posición del Ejecutivo y pidió bajar el nivel de confrontación. “Las Flores no es un escenario de campaña”, afirmó. Según sostuvo, el municipio trabaja durante todo el año en el barrio y no únicamente cuando se acercan las elecciones. También cuestionó la utilización política de los reclamos vecinales y consideró que “no se puede administrar la angustia de la gente”. Para Schmuck, si el proceso electoral comienza con este nivel de enfrentamiento, será difícil exigir después el respeto y la tolerancia que todos dicen defender.
Más allá de quién tenga razón en esta disputa, hay un dato que resulta evidente: la conversación pública volvió a girar alrededor de los dirigentes y dejó en un segundo plano a los vecinos. Mientras las publicaciones sumaban repercusiones y respuestas, los problemas cotidianos de Las Flores seguían siendo los mismos.
Las redes sociales son una herramienta válida para comunicar y confrontar ideas. El problema aparece cuando la discusión política se transforma en una competencia permanente por imponer un relato. En ese terreno, las sospechas reemplazan a las pruebas, las consignas desplazan a las propuestas y el algoritmo termina marcando la agenda por encima de las necesidades reales de la ciudad.
El desafío de la política no debería ser ganar una discusión en X. Debería ser lograr que, cuando las cámaras se apaguen y las publicaciones dejen de acumular “me gusta”, los vecinos de Las Flores encuentren calles terminadas, espacios públicos cuidados, servicios funcionando y respuestas concretas. Porque las elecciones duran unos meses; vivir en un barrio con problemas, para muchos rosarinos, es una realidad de todos los días.

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