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Para muchos el aislamiento obligatorio no es solo cuestión de aburrimiento y exceso de Netflix, hay una cara mucho más dramática y cruel que deben sobrellevar familias con hijos adictos en períodos de abstinencia por la cuarentena. El encierro se vive de diferentes maneras según el contexto.
Si bien la primera semana de encierro se sostuvo “tranquila” porque muchos lograron stockearse de sustancias, la segunda destapó el infierno: “Empecé a recibir llamados de familias que no podían controlar a sus hijos que se escapaban por la madrugada a comprar droga”, relata a Rosario Nuestro una de las referentes de la ONG Ni Un Pibe Menos Por la Droga, Betina Zubeldía.
La desesperación radica en el no poder evitar “irse” de sus hijos, que se encuentran sin drogas y no logran contenerse y se fugan de sus casas, violando la cuarentena y corriendo el riesgo de ser detenidos.
Zubeldía, que trabaja en conjunto con el Foro de Adicciones Rosario integrado por personas destacas como el padre Fabián Belay y el Dr. Gustavo De Vega, marca una gran diferencia entre “los adictos que alguna vez tuvieron o mantienen asistencia médica y los que nunca tuvieron tratamiento”, éstos últimos “son los que están atravesando la peor situación”.
De hecho, la propia Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) advirtió un incremento de las consultas vinculadas a situaciones de abstinencia de personas usuarias de drogas en el marco de la cuarentena.
Y la coordinadora del área de intervención de la Asociación Civil Intercambios, Jorgelina Di Iorio, aseguró que la cuarentena obligatoria “genera condiciones para la aparición de algunos problemas con el consumo» porque su sentido o efectos «siempre están asociados al contexto” y el actual está caracterizado por “la incertidumbre, los permanentes cambios y la creencia que el aislamiento físico implica distanciamiento social”.
Refugiarse de su propio hijo
Sin dudas que cara más oscura de la cuarentena la deben vivir aquellos familiares que deben “refugiarse” de sus propios hijos por no poder controlar el alto nivel de abstinencia que padecen en tiempos de guarda.
Si bien Zubeldía advierte que “el delivery de venta de droga mermó”, también señala que “lo que se vende aumentó considerablemente de precio”, por ende las personas adictas “se las ingenian para poder obtener las sustancias”.
“Hay muchos consumidores diarios, incluso mujeres con niños, que son muy manipuladores y no cuentan con ningún tipo de atención; son los que más nos preocupan por eso estamos intentando ver de qué manera podemos ayudarlos”, cuenta la referente de la ONG.
Asimismo, “lamentablemente hay muchas madres que se contactan buscando un ‘refugio’ de sus propios hijos para ver si pueden ir a la casa de algún familiar o amigo, porque la convivencia en abstinencia con jóvenes consumidores se vuelve insoportable”, describió Zubeldía.
La titular de la Sedronar, Gabriela Torres, afirma que “el consumo forma parte de la vida, pero el exceso es un problema y el aislamiento puede empeorarlo, por eso les pedimos a los que vienen atravesando situaciones de consumo problemático que no se queden solos”.
Torres explicó que el organismo puso en marcha «un plan de contingencia para servicios esenciales» a través de tres circuitos: la línea 141, los Centro de Orientación en Adicciones (Cedecor), y los dispositivos residenciales y comunitarios. La línea 141 de orientación y acompañamiento se reforzó para seguir funcionando, desde cualquier punto del país, de manera anónima y gratuita.
Menos delivery, más trueque
La venta de estupefacientes mediante delivery disminuyó notablemente, cuanta Zubeldía, por la obvia razón de que pueden ser detenidos por las autoridades y “caer presos”. Se trata de un riesgo muy alto que deben correr, por eso los pocos que se atreven a vender aumentaron “considerablemente” los precios.
Este contexto no detiene al consumidor en su lucha por conseguir droga. “Muchos comenzaron a consumir más alcohol y mezclado con pastillas, las cuales se siguen vendiendo en las farmacias bajo receta médica”, describe Zubeldía quien luchó contra la adicción de su propio hijo.
Pero lo más llamativo que comentó la referente de la ONG es que en muchos barrios de la ciudad se está llevando adelante “un trueque”. Es decir, jóvenes adictos que intercambian alimentos por droga.
En los barrios más vulnerables, “que nada tienen que ver con Fisherton”, la cuarentena se hace mucho más difícil de cumplir porque “las personas están hacinadas y es imposible establecer que se queden en sus hogares”, por lo tanto “se estableció un sistema en el que se permite la circulación solamente por el barrio, donde la policía no entra, pero, a su vez, la comercialización de sustancias se sostiene”, detalla.
Pese a este desesperante relato, Zubeldía deja en claro que desde Salud Mental, el Estado y las instituciones “se redoblaron los esfuerzos” y “estamos en la búsqueda de nuevas formas de contención para estos casos dramáticos, sobre todo para los que no tienen nada”.
“Las personas que venían teniendo un tratamiento de ninguna manera se cortaron. Además, los centros terapéuticos encontrar la forma de seguir esos tratamientos ya sea por videollamadas u otros medios de comunicación, así que están contenidos”, concluyó la referente de Ni Un Pibe Menos Por La Droga.

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