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Investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) dieron a conocer en los últimos días los resultados del trabajo de monitoreo sobre el suelo de las islas del río Paraná, que vienen realizando desde octubre del 2020 para tomar dimensión del daño ambiental que produjeron los incendios que afectaron alrededor de 300 mil hectáreas, más del 17 por ciento de su superficie.
Se detectaron impactos negativos asociados a la quema en variables que tienen importancia en el sostenimiento de la salud de los suelos. “Los suelos quemados están más compactados y se perdió más del 60% del fósforo generando una disminución de la fertilidad y del equilibrio con otros elementos que participan de la nutrición de la vegetación local”, dice el informe. Además, un impacto relevante, según indican los investigadores, fue la disminución de carbono almacenado en el suelo, estimándose una pérdida media de dióxido de carbono equivalente a 16 toneladas por hectárea.
Uno de los investigadores que forma parte de este equipo de trabajo es Sergio Montico, que en diálogo con El Puente de Radio Mitre Rosario, explicó cómo llevaron adelante esta tarea: “Nosotros empezamos a trabajar en octubre del año pasado, cuando ya hubieron unos cuantos incendios en la zona que nos tocó trabajar, que es la isla de los Mástiles en un sector que está sobre Granadero Baigorria. A partir de una tarea de relevamiento que hicimos apoyados con GPS, nos permite encontrar nuevamente la situación en el tiempo. Caracterizamos el impacto de los incendios, sobre todo en el suelo y hay otros grupos que están trabajando en vegetación, insectos, calidad de agua”.
“El estudio de la plataforma se basa en relevamientos satelitales, se puede estimar, se puede calcular los incendios, como los focos donde se ubican, se hace un estudio semanalmente. Nos abocamos específicamente a caracterizar la calidad de pérdida de los suelos en virtud de este evento”, continuó, al mismo tiempo que dio su punto de vista sobre el objetivo de los incendios: “Está claro que hay patrones que indican intencionalidad”.
A su vez, contó cómo están distribuidos los distintos grupos de trabajo: “Hay un equipo que está parcialmente trabajando en distintas disciplinas, que están tratando de, a partir del monitoreo de las diferentes variables, mensurar cuantitativamente en qué porcentaje se perdió vegetación, qué tipo de vegetación, la riqueza faunística cómo fue afectada. Al trabajar en suelo, estamos intentando ver qué tipo de nutrientes perdimos, cuánta materia orgánica se perdió”.
Consultado sobre la planificación acerca de la manera en la que continuará en los próximos años su labor, Montico dijo: “Empezamos en octubre del año pasado y en dos años vamos a seguir monitoreando nuestra área del suelo cada seis meses para ver si hay algún tipo de evolución y en qué variable se ha movido a favor o en contra. Hay algunas herramientas que sirven para generar alertas sobre una serie de indicadores como la humedad, la cantidad de pasto remanente, ciertas condiciones de predisposición que podrían dar una alerta de repetir este tipo de eventos”.
“Queremos generar una mirada global, porque lo importante es que haya una mirada no solamente desde el suelo, de la cuestión faunística, vegetación, la flora, sino tener una mirada del ecosistema humedal, en qué grado pudo haber estado deteriorado, qué posibilidades tiene de recuperación en cuanto a tiempo, si es posible establecer algunos sectores de reserva, de guarda, de protección. Esa es la mirada que nos preocupa a nosotros los investigadores”, finalizó el investigador.

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