INFIERNO EN EL PARQUE: EL CAOS SE DEVORA A TODOS Y Kudelka ASOMA COMO BOMBERO EN UN INCENDIO SIN AGUA
Opinión, por Mauro Yasprizza.
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Opinión, por Mauro Yasprizza.
Newell’s volvió a mostrar una versión alarmante en el segundo tiempo ante Estudiantes. La derrota por dos goles pudo ser más amplia y dejó expuesta una crisis futbolística, anímica y dirigencial que ya no admite eufemismos. Kudelka todavía no asumió y el incendio ya es total.
Por momentos, el resultado miente. Esta vez, ni eso.
Newell’s Old Boys cayó ante Estudiantes de La Plata por dos goles, pero el segundo tiempo fue una radiografía brutal de su presente: un equipo partido, sin reacción, sin rebeldía, sin fútbol. El 0-2 quedó corto. Muy corto. La sensación fue dantesca.
En los primeros 45 minutos hubo, al menos, intención. Orden precario, sí. Limitaciones, también. Pero en el complemento el equipo se desplomó. Físicamente superado. Tácticamente desorientado. Mentalmente vencido. Estudiantes encontró espacios por todos lados y cada avance fue una amenaza concreta. Si afinaba la puntería, la goleada era histórica.
Lo más preocupante no es el marcador. Es la imagen.
Newell’s hoy no transmite competitividad. Y en el fútbol argentino, donde la mayoría de los partidos se definen por detalles, perder la dignidad competitiva es firmar la rendición anticipada. El equipo luce frágil en defensa, inocuo en ataque y desconectado en el mediocampo. Las estadísticas no hacen más que confirmar lo que se ve: escasa generación de situaciones claras, retrocesos mal coordinados y una alarmante facilidad para conceder ocasiones.
En el medio de ese tembladeral aparece un nombre: Frank Darío Kudelka. Todavía no asumió formalmente y ya carga sobre los hombros la etiqueta de salvador. Como si el problema fuese exclusivamente de entrenador. Como si cambiar la voz del vestuario fuese suficiente para apagar un incendio estructural.
La historia reciente del club demuestra lo contrario. La trituradora del Parque no distingue apellidos.
Lucas Bernardi también fue fagocitado por el caos. Intentó ordenar, buscó variantes, apostó por nombres y esquemas. Pero terminó absorbido por la misma inercia negativa que arrastra el plantel. Cuando el contexto es inestable, ningún interinato resiste.
La pregunta incómoda es otra: ¿el problema es táctico o es más profundo? Porque lo que se observa no es solo desorden en la cancha. Es desconfianza. Es miedo. Es un equipo que, ante el primer golpe, se derrumba. Y eso no se corrige únicamente con pizarrón.
Estudiantes hizo lo que tenía que hacer: presionó alto, fue intenso, aprovechó los errores y administró la ventaja con autoridad. Fue práctico y contundente. Del otro lado hubo un conjunto que pareció resignado antes de tiempo. Esa diferencia mental explica más que cualquier análisis técnico.
El presente es demoledor. La tabla aprieta. El promedio acecha. El clima en la tribuna se enrarece. Y la sensación general es que cada partido es una prueba de supervivencia.
Kudelka llegará en breve. Tendrá que trabajar sobre la cabeza antes que sobre el esquema. Recuperar confianza, ordenar líneas, simplificar conceptos. Pero también necesitará respaldo institucional y claridad en el proyecto. Porque ningún técnico puede construir sobre arena movediza.
Hoy Newell’s no pierde solo puntos. Pierde identidad. Y cuando un club histórico entra en esa zona gris, el daño no es estadístico: es emocional.
La derrota fue fea. Pero lo verdaderamente inquietante es lo que mostró el segundo tiempo: un equipo a la deriva.
Y en el Parque, cuando el caos se vuelve costumbre, nadie sale ileso.

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