La caja negra del fútbol argentino: denuncias de favores, dinero y poder que salpican a la cúpula de la AFA
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
Versiones sobre retención indebida de aportes, movimientos de dinero y supuestos salvatajes financieros vuelven a poner bajo la lupa a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino, con nombres pesados como Claudio Tapia, Pablo Toviggino, Gonzalo Belloso y hasta el exministro Sergio Massa en el centro de las sospechas.
El fútbol argentino vuelve a mirar hacia sus oficinas más que hacia las canchas. En medio de denuncias y versiones sobre retención indebida de aportes y maniobras financieras irregulares, la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) vuelve a quedar envuelta en un clima de sospecha que salpica directamente a su presidente, Claudio “Chiqui” Tapia, a su influyente tesorero Pablo Toviggino, y también a dirigentes con peso propio en el interior del país.
El foco de las acusaciones aparece ligado a supuestos mecanismos financieros utilizados para sostener a clubes con problemas económicos, entre ellos Rosario Central, una institución que atravesó momentos delicados desde el punto de vista contable durante la última década. En ese contexto, el actual presidente canalla, Gonzalo Belloso, llegó a deslizar públicamente que existió una estructura financiera diseñada para evitar la convocatoria de acreedores del club, un entramado que —según sus propias palabras— habría contado con el acompañamiento de Tapia, Toviggino y el entonces ministro de Economía Sergio Massa.
Las versiones, que circulan en ámbitos dirigenciales desde hace años, describen un sistema donde la política, el fútbol y las finanzas se mezclan con una naturalidad que preocupa incluso dentro del propio ambiente de la AFA. La sospecha es simple pero explosiva: favores institucionales a cambio de alineamientos políticos dentro de la estructura del fútbol argentino.
Uno de los episodios que alimenta esas suspicacias remite a julio de 2020. Según reconstrucciones difundidas en el ambiente dirigencial, Pablo Toviggino habría enviado a un colaborador de confianza, Juan Pablo Beacon, a una dirección ubicada en Sarmiento al 700, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Allí —siempre de acuerdo a esos relatos— debía preguntar por una persona identificada como Guido, quien supuestamente iba “de parte de Gonzalo Belloso”, y realizar la entrega de 150.000 dólares. El episodio nunca fue aclarado públicamente y forma parte de las historias que circulan en voz baja dentro del fútbol argentino.
Pero el ruido no termina en los despachos. También alcanza a lo que ocurre dentro del campo de juego. Entre hinchas, dirigentes opositores y sectores del periodismo deportivo se instaló desde hace tiempo una idea incómoda: la de un campeonato “empujado” desde las oficinas de la AFA para favorecer a Rosario Central. En ese contexto, algunos críticos llegaron a acuñar una frase que todavía resuena en los pasillos del fútbol: “seca nunca del fútbol argentino”, un apodo irónico que alude a un supuesto blindaje político alrededor del club de Arroyito.
Sin embargo, el propio fútbol terminó ofreciendo su respuesta. Estudiantes de La Plata se consagró campeón en una de las competencias posteriores, dejando en el camino al equipo rosarino que muchos señalaban como el supuesto “elegido”. En la cancha, al menos por un tiempo, las teorías conspirativas encontraron un freno.
El problema es que las sospechas no desaparecen. En un país donde el fútbol es poder, dinero e influencia política, cada movimiento dentro de la AFA se observa con lupa. Y cuando aparecen nombres como Tapia, Toviggino, Belloso o incluso Massa, la discusión deja de ser deportiva para convertirse en una cuestión institucional.
Porque el fútbol argentino, más allá de sus goles y sus tribunas, sigue arrastrando una vieja pregunta que todavía no encuentra respuesta definitiva: quién maneja realmente la caja del juego más popular del país.

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