Luciano Carrizo, el rosarino campeón de ajedrez que lucha por viajar al Mundial: «El tablero es como la vida»
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Luciano Carrizo es un chico de 15 años, que ha sido catalogado como “el Messi rosarino del ajedrez”, y como campeón argentino en la categoría Sub-16, está clasificado para el Mundial de Italia que se va a jugar en el mes de noviembre. No obstante, para dar ese gran salto en su vida, está haciendo una campaña para reunir una importante cantidad de dinero para poder viajar y competir: 4.500 dólares.
“El tema del dinero es complicado, más hoy en día, como está la situación, con todo lo que está pasando. Pero bueno, estamos haciendo de todo para lograrlo”, expresó, al aire del programa El Puente, que se emite por Radio Mitre Rosario, Lucho.
Para darle una mano y pueda decir presente en el Mundial de Italia, “mi número de teléfono es 3415-889398. También está mi Instagram, LuchoCarrizo_07 y está el Instagram de Fundación Rosario, ellos ponen un link para poder depositar dinero también”, comentó.
El mundial es del 12 al 25 de noviembre, y antes de esa fecha necesita reunir alrededor de 4.500 dólares, necesario para cubrir pasajes y la posibilidad que lo pueda acompañar su profesor. “La verdad es una gran ayuda mi profesor”, remarcó.
Sobre cómo llegó el ajedrez a su vida, Lucho contó: “Empecé a jugar al ajedrez por una película, Harry Potter. En principio es magia, ficción, pero lo que a mí me atrajo fue un ajedrez gigante que se movían a través de palabras que los chicos decían. Entonces, le dije a mi mamá que quería un ajedrez mágico y ella me decía no existe. Tuve que ser realista a los cuatro años, entender que no existía un ajedrez mágico y la verdad fue difícil, pero bueno, le pedí a mi mamá que me compre un ajedrez común y me los compró, pero a los 6 años, cuando empecé la primaria. Ella quería ver si realmente era que a mí me gustaba cómo mover las piezas o era un momento de diversión, de fantasía nada más”.
Y siguió: “Me regaló un ajedrez mi mamá, pero yo no sabía nada de ajedrez. Mi familia tampoco, nadie sabía cómo jugar. Pero como yo vivo enfrente de mi abuela, en aquel entonces ella tenía una computadora, con acceso a internet y pudo buscar jugadas. Me puse a investigar, fue todo como autodidacta. Y la verdad bastante bien porque aprendí a mover las piezas, aprendí a dar a jaque-mate”.
No sólo, eso, “tenía que enseñárselo a alguien para poder jugar, porque si no el tablero no me iba a servir de nada. Entonces le enseñé a mi papá a jugar al ajedrez. Ahí empecé a jugar con él y aprender cosas nuevas con mi papá. Me dio esa mano porque le gusta, le gustan los juegos de lógica. Así fui creciendo poco a poco, yendo a la casa de mi abuela, jugando con papa, enseñándole y así fui creciendo”.
Sobre lo que significa el ajedrez, no dudó: “Es mi vida básicamente, vivo con el ajedrez y es muy apasionante para mí”. Y lo llevó a todos los planos de la vida: “Porque yo pienso, y muchos jugadores de ajedrez piensan, que el ajedrez es en sí como la vida, tenés que tomar decisiones en general correctas, pero bueno cuando toma malas decisiones se ven incluidas por ejemplo en una partida o cometer un error un paso en falso. O sea, tus movimientos son los que te indican qué camino vas a tomar”.
