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La Educación Sexual Integral en nuestro país está enmarcada en la Ley 26.150 del Programa Nacional de Educación Sexual Integral sancionada en 2006. A su vez, esa legislación, en consonancia con la Ley 25.673 del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (2003), se encuadra en tratados internacionales como la Declaración de los Derechos Sexuales, considerados Derechos Humanos universales y fundamentales.
Los Derechos Sexuales fueron proclamados en una asamblea de la Asociación Mundial para la Salud Sexual en 1999, y en 2014 fueron revisados y actualizados, y dentro de ellos encontramos el “Derecho a la educación y el derecho a la educación integral de la sexualidad”, el “Derecho al grado máximo alcanzable de salud, incluyendo la salud sexual que comprende experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras”, el “Derecho a la autonomía e integridad del cuerpo”, el “Derecho a una vida libre de todas las formas de violencia y de coerción”, el “Derecho a la privacidad”, el “Derecho a la información”, el “Derecho a gozar de los adelantos científicos y de los beneficios que de ellos resulten” y el “Derecho a decidir tener hijos, el número y espaciamiento de los mismos, y a tener acceso a la información y los medios para lograrlo”; entre otros.
La Educación Sexual Integral se orienta a garantizar todos esos derechos, particularmente para cumplir con lo establecido por otra ley que es la 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las niñas, niños y adolescentes (2005) que propone respetar su condición como sujetos de derecho. Como sujetos de derecho (es decir, no objetos de posesión de sus padres), además de los derechos básicos a la salud y a la educación, tienen el derecho a la libertad que según describe el artículo 19 consiste en:
a) Tener sus propias ideas, creencias o culto religioso según el desarrollo de sus facultades y con las limitaciones y garantías consagradas por el ordenamiento jurídico y ejercerlo bajo la orientación de sus padres, tutores, representantes legales o encargados de los mismos;
b) Expresar su opinión en los ámbitos de su vida cotidiana, especialmente en la familia, la comunidad y la escuela;
c) Expresar su opinión como usuarios de todos los servicios públicos y, con las limitaciones de la ley, en todos los procesos judiciales y administrativos que puedan afectar sus derechos.
Las personas sujetos de esta ley tienen derecho a su libertad personal, sin más límites que los establecidos en el ordenamiento jurídico vigente. No pueden ser privados de ella ilegal o arbitrariamente.”[i]
Vale decir que a nivel nacional como internacional, la declaración de Derechos Humanos, la convención de los Derechos de la niñez y adolescencia, y los Derechos Sexuales, fundamentan el irrefutable derecho de las niñas, niños y adolescentes a la Educación Sexual, basada en conocimientos actualizados e información científica que les garantice alcanzar el máximo desarrollo de su potencial de salud incluida la salud sexual. Estos derechos inalienables no pueden ni deben ser obstruidos a partir del sistema de creencias o las elecciones de culto personales de sus progenitores. Por sobre la potestad de los padres/madres, prima el derecho de las niñas y niños a la información y es misión del Estado garantizar ese derecho.
Miedo y culpa: emociones humanas básicas al servicio del poder
El poder, como capacidad de influir sobre otro para que haga lo que uno quiere, puede detentarse de diferentes maneras. Por reconocimiento de la autoridad conferida a alguien en base al respeto y la admiración, o por formas violentas ejercidas por fuerza física o coerción psicológica.
Si de ejercer una coerción psíquica se trata, nada más eficaz que apelar a la culpa y el miedo, dos de las emociones humanas básicas, capaces de condicionar la toma de decisiones y el comportamiento.
Más allá de las creencias y la fe que cada persona pueda experimentar en pleno derecho, lo cual es sumamente respetable, existen estructuras jerárquicas que poco tienen que ver a veces con el orden divino, y que como construcciones sociales de poder son tan imperfectamente humanas como cualquier otra. Me refiero a las iglesias y sus discursos de poder. La microfísica del poder reside en cada replicación compulsiva en el camino de la viralización de información errónea, prejuiciosa y tendenciosa sobre la Educación Sexual Integral, apelando al desconocimiento masivo, al fenómeno de la posverdad, y de manera repudiable, al miedo elemental de toda madre o padre de que sus hijas o hijos sean expuestos a situaciones abusivas.
Desde la ignorancia, miles de personas reproducen una y otra vez mitos, prejuicios y mentiras lisas y llanas sobre los procedimientos y contenidos de la Educación Sexual Integral, promovidos en última (o en primera) instancia, por un inconmensurable miedo a la libertad. La información es poder. Mientras las niñas, niños y adolescentes no accedan a ella, son más vulnerables al ejercicio de poder, muchas veces abusivo por cierto, no sólo de sus progenitores sino de instituciones religiosas que los cuentan entre sus fieles no por libre elección mediada por una decisión reflexiva, sino por imponer a través de las familias su sistema de creencias como única verdad y modo de existencia.
La información es poder. Yo quiero que las niñas, niños y adolescentes de mi país tengan acceso a la información para que dispongan del poder de decidir si quieren adoptar el sistema de creencias o de culto de su familia, o si prefieren no hacerlo. Que tengan el poder de proteger su integridad psicosexual, de protegerse del abuso sexual en todas sus formas. Que crezcan desarrollando una mirada crítica de la forma en que se distribuye el poder entre varones y mujeres, para asegurarse la equidad que merecen, y eso es la perspectiva de género.
No existe una tal “ideología de género”, sí existen ideologías machistas, misóginas, que descalifican, vulnerabilizan y discriminan a la mujer y/o a otras identidades no binarias, en base al género. En relación al género existe una perspectiva que se orienta a la equidad. En relación al género existe un enfoque de derechos que se orienta a respetar la diversidad.
Desmitificando
Trataré de desactivar con fundamentos las ideas irracionales que circulan por las redes:
La Educación Sexual Integral no es ideología: se basa en los conocimientos sociológicos, antropológicos, psicológicos, médicos y sexológicos, en definitiva, científicos y sociales en relación al género.
La Educación Sexual Integral no promueve el cambio de género: respeta a las personas que por sí misma experimentan una identidad de género diferente a su sexo biológico (trans) y se orienta a garantizar sus derechos y la libre expresión de su identidad y rol de género, sin discriminación y libres de toda forma de violencia.
La Educación Sexual Integral no promueve la homosexualidad ni ninguna orientación sexual: se orienta al respeto de todas las orientaciones sexuales, ninguna puede ser “promovida” por más que alguien deseara hacerlo. Lo único que se pretende es garantizar la vivencia plena y libre de discriminación de todas las orientaciones y prácticas sexuales.
La Educación Sexual Integral no se implementará a cargo de personas travestis que maquillarán a los varones y cortarán el cabello de las niñas: estará a cargo de personas capacitadas y habilitadas para su desarrollo. Docentes, educadores sexuales, o toda persona en conocimiento de los marcos legales y de los contenidos de la ESI. Si alguna persona fuese transgénero en lugar de cisgénero podrá desempeñarse en talleres de ESI como en cualquier otra actividad humana, dado que no existe razón para que no lo haga. Pero en ningún caso se trata de intervenir sobre los cuerpos o las psiques de las niñas, niños o adolescentes para modificar sus vivencias de identidad de género autopercibida. Sólo se pretende la convivencia libre, respetuosa y pacífica de todas las expresiones de identidad y rol sexuales.
La Educación Sexual Integral no proyecta pornografía: de hecho, la perspectiva de género es muy crítica con la industria pornográfica, por la potencial inoculación de la violencia de género que puede resultar emergente del sesgo machista de sus producciones. Los educadores sexuales estamos sumamente preocupados por el inevitable acceso a la pornografía que se dispone desde la infancia a través de las nuevas tecnologías, fundamentalmente porque tomen ese material como referente para educarse en sexualidad. La Educación Sexual pretende interponer una mirada crítica y cautelosa entre las niñas, niños y adolescentes ante la pornografía.
La Educación Sexual Integral no anticipa las experiencias sexuales: por el contrario, disponer de la información permite asumir los propios derechos a decidir cómo, cuándo, con quién y de qué manera tener relaciones sexuales, seguras, y libres de toda coerción y violencia. En general los inicios tempranos se relacionan al desconocimiento o falta de habilidades sociales para decir que no. La perspectiva de género empodera a las niñas y adolescentes para que no se sometan a los deseos e imperativos sexuales de los varones, sino que sean capaces de participar de un encuentro sexual sólo cuando realmente deseen hacerlo.
La Educación Sexual Integral no provoca embarazos: absolutamente en contrario, lo que pretende es prevenir los embarazos no intencionales, y garantizar el conocimiento de los métodos anticonceptivos necesarios cuando se decide tener una actividad sexual, tanto como la anticoncepción de emergencia cuando se tuvieron relaciones sin protección, y el derecho a la interrupción legal del embarazo en los casos que ya prevé nuestra legislación según el Código Penal desde 1921 y en plena vigencia de un Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo.
La Educación Sexual Integral expone a situaciones de abuso: exactamente al revés, una de las misiones más importantes de la ESI es prevenir, detectar y ayudar a detener situaciones de abuso sexual infantil y adolescente. La autonomía del cuerpo, la intimidad, la asertividad, el derecho a decir que no, a no ser tocado, acariciado ni besado por nadie, no sólo genitalmente sino en todo el cuerpo y con todo gesto, si ese intercambio afectivo o sexual no surge de un auténtico deseo de la persona. Que la sociedad conozca que aún si hay consentimiento, si se trata de una niña, niño o adolescente en relación a un adulto o a otro adolescente de más edad, el consentimiento se considera viciado por la asimetría de poder en función de la edad. Esa información es lo que le permite a las niñas, niños y adolescentes protegerse de situaciones de abuso incluso intrafamiliar, que lamentablemente son las más frecuentes. Por eso es importante que la Educación Sexual Integral esté en manos de otras personas diferentes al entorno familiar.
La Educación Sexual Integral no es el enemigo, como caballo de Troya, el enemigo más peligroso, por íntimo, es la ignorancia que la obstaculiza desde el seno de la familia.
[i]http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/110000-114999/110778/norma.htm
