Millones, negociaciones y misterio en el secuestro de un miembro de la comunidad gitana
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Los investigadores dudan de todos los detalles. Para ellos el caso desde el primer momento estuvo teñido de una estela espesa y oscura, en la cual los familiares de la víctima se escondieron para realizar una negociación irregular, en la que no quedó qué fue lo que se puso sobre la mesa. «Hay muchas cosas raras. Los secuestradores cometieron muchos errores y eso nos permitió avanzar mucho en la investigación, en muy poco tiempo», aseguró a Rosario Nuestro una de las principales autoridades del caso.
El levante
A Miguel C., un miembro de la comunidad gitana que vive en la zona sur, se lo llevaron en plena calle. Según contó a la Policía Gustavo M., el hombre de 50 años que hizo la denuncia el lunes a la tarde, ocurrió en Avenida Arijón y Crespo. Un grupo de hombres llegó en dos autos empuñando armas largas redujo y golpeó a la víctima y la obligó a subir a uno de los vehículos. Luego aceleraron sus coches por la arteria principal y desaparecieron de la escena. «El levante se hizo en un lugar donde hay con cámaras de seguridad por todos lados. Ese fue el primer error que cometieron», explicó la fuente.
Ante la denuncia del secuestro desde la Policía de Investigaciones se organizó un comité de crisis, en el cual participaron uniformados, especialistas en negociaciones y psicólogos, para que, junto a los familiares de la víctima, analizaran la situación y avaluaran los pasos seguir ante el escandaloso primer pedido de los secuestradores: un millón de dólares.
«La negociación la llevó adelante un familiar, desoyendo las recomendaciones del comité. Por eso no tenemos claro cuánto fue que pagaron y que se puso sobre la mesa para llegar a un acuerdo. Ellos no tenían intenciones de que nos enteremos», señaló uno de los encargados del caso.
Luego de algunas horas de tensión ingresó el llamado a las oficinas de los investigadores: Miguel C. había sido liberado en la zona del Parque de la Independencia.
Momentos después un grupo de médicos de la Policía se presentó en su casa, lo revisó y constató que no estaba lesionado.
Un mar de dudas
Los pesquisas desconfían de la versión de la víctima y sus familiares. Tienen la certeza de que no dicen toda la verdad y creen que entre los datos ocultos y la información poco precisa se encuentra el eje central para el esclarecimiento del caso.
«Tenemos la certeza de que a Miguel no lo largaron en el parque. No quedó grabado en ninguna cámara de la zona. Ni la supuesta liberación, ni el camino de vuelta que debería haber realizado para volver a su casa de la zona sur», explicó el investigador.
Los pesquisas saben que los secuestradores recibieron un pago. Tienen claro que fue mucho menor a lo que exigieron y en moneda nacional —serían 100 mil pesos—. Pero están convencidos de que detrás del caso hay muchos detalles que aún no salieron a la luz.
Para los miembros de la Policía de Investigaciones el accionar de los secuestradores no condice con el de un grupo preparado para este tipo de acciones: «Quedan grabados, se les ve las caras a casi toso. Pareciera como si no lo hubieran planeado, hicieron todo en forma atropellada, bruta, sin premeditación. ¿Hubo algún problema?. ¿Fue un secuestro?».
Si bien hasta el momento no hay personas detenidas por el hecho, un vocero oficial señaló que «está todo muy avanzado y es posible que tengamos novedades en poco tiempo».
El auto
Horas después del pago un auto Nissan fue encontraron calcinado en el kilómetro 784 de la ruta nacional 33. Los pesquisas creen que fue utilizado para el secuestro. De todas maneras, hasta el momento, este dato no fue constatado.
El vehículo no contaba con pedido de captura, con lo cual no está clara su procedencia.
