Monteverde tiembla: el peronismo cocina un interbloque para frenar a los “revolucionarios de cabotaje”
Por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
El mapa político del Concejo se reconfigura tras la derrota electoral, y las tensiones internas dejan a los autoproclamados referentes progresistas sin margen para imponer liderazgo.
El resultado de las últimas elecciones terminó de dinamitar la fantasía de que cierto sector del progresismo local —ese que se autopercibe vanguardia, pero que en la práctica funciona como un kirchnerismo romántico con estética de comuna— podía convertirse en la alternativa natural de poder en la ciudad. Tras el golpe duro en las urnas, la aspiración de coronar a su máximo referente como “jefe de la oposición” ya no seduce ni a los más fieles.
El peronismo, lejos de regalarle el lugar, trabaja contrarreloj para armar un interbloque que reúna a todo el universo anti-libertario sin tener que rendirse ante los caprichos de quienes hace meses se creían imbatibles. La pelea interna por las listas nacionales —donde la agrupación progresista dejó afuera a quienes originalmente la habían habilitado a entrar al espacio— dejó heridas abiertas que ahora se traducen en geometrías parlamentarias muy distintas a las imaginadas.
Los números no favorecen a los “revolucionarios de cabotaje”: a partir de diciembre, la balanza de concejales filo-peronistas ya no les permitirá imponer condiciones. El sector desplazado sumará tres bancas, y se prepara para condicionar cada movimiento de sus antiguos aliados. En paralelo, voces peronistas insisten en que “un bloque unificado es inviable” y anticipan que la pelea por la presidencia del interbloque será una batalla de fondo. La frase que más se repite en los pasillos es contundente: “No va a juntar los votos para erigirse como líder de nada.”
Mientras tanto, el progresismo observa con preocupación los movimientos de quienes se alejaron del oficialismo municipal y hoy orbitan cerca del PJ. Si esos espacios se suman al armado opositor, el equilibrio interno dejará en evidencia que la épica discursiva de la “transformación” sirve para movilizar militancia, pero no para cerrar acuerdos concretos.
En el fondo, la inquietud es simple: los más de 400 mil votos obtenidos por la lista progresista quedaron muy lejos de los libertarios, que duplicaron esfuerzos y capitalizaron el malestar social sin necesidad de desplegar grandes aparatos. Y en el peronismo lo leyeron rápido: si se llega a 2027 con candidatos propios y una estructura ordenada, todo indica que los “innovadores” quedarán nuevamente relegados a un segundo plano.
En un reciente plenario interno, una de las figuras más representativas del PJ fue tajante: llegó la hora de reconstruir, de planificar y de ofrecer una salida seria a una sociedad que pide certezas y no consignas gastadas.
El mensaje, traducido al lenguaje del Concejo, suena a advertencia: quien aspiraba a liderar la oposición tendrá que acostumbrarse a negociar desde atrás. Las horas en que la retórica progresista lograba disciplinar aliados quedaron, definitivamente, en el pasado.

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