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Por Mauro Yasprizza.
El oficialismo convocó a la oposición a una reunión “positiva”, pero el encuentro dejó más gestos que soluciones en un club que sigue sin rumbo futbolístico ni conducción clara.
Mientras Newell’s intenta sobrevivir en la cancha, puertas adentro el oficialismo montó una escena de unidad que, por ahora, tiene más de maquillaje que de gestión. La reunión entre dirigentes y opositores, realizada en el Coloso, fue presentada como un avance institucional, aunque en los hechos no pasó de un intercambio de buenas intenciones sin definiciones concretas.
El presidente Ignacio Boero encabezó el encuentro junto a miembros de su comisión, recibiendo a referentes de distintas agrupaciones. Hubo propuestas, diagnósticos y hasta promesas de continuidad en el diálogo. Pero lo central sigue sin resolverse: Newell’s no tiene dirección deportiva consolidada, el mercado de pases aparece sin planificación y el equipo refleja ese desconcierto en cada partido.
Desde la oposición hablaron de “análisis positivo” y “salto de calidad”, conceptos que suenan bien pero que en la práctica chocan con una realidad evidente: el club está desordenado y sin conducción firme en el área más sensible, el fútbol. Incluso dentro del propio encuentro quedó expuesta una grieta, con la ausencia de Cristian D’Amico, quien cuestionó la convocatoria parcial y dejó en evidencia que la unidad todavía es un discurso más que un hecho.
Del lado oficialista, el mensaje fue previsible: predisposición, diálogo y promesas de futuras reuniones. Todo bajo una lógica que ya empieza a repetirse peligrosamente: ganar tiempo mientras el equipo no responde y las decisiones estructurales se siguen postergando.
El dato político es claro. A casi tres meses de gestión, el oficialismo todavía no logró ordenar el club ni establecer un rumbo deportivo concreto. Y en ese contexto, este tipo de cumbres corren el riesgo de convertirse en una puesta en escena para descomprimir tensiones más que en una herramienta real de reconstrucción.
Porque mientras los dirigentes hablan de consensos, Newell’s sigue atrapado en su propia “terapia intensiva”. Y en ese escenario, las reuniones sin decisiones no son soluciones: son parte del problema.

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