:format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/newells_gimnasia_de_mendoza_2026_2.jpg)
Por Mauro Yasprizza.
La Lepra consiguió su primer triunfo en el torneo, mantuvo el arco en cero por primera vez y encontró en el resultado un desahogo urgente en medio de la crisis.
No importó el cómo ni las formas. Esta vez, para Newell’s, lo único que valía era ganar. Y lo hizo. Con sufrimiento, con limitaciones y sin brillo, pero con una certeza que hacía semanas no aparecía: sumó de a tres y cortó una racha que ya pesaba demasiado.
El equipo logró su primera victoria en el campeonato y, además, consiguió algo que hasta ahora le había sido esquivo: terminar con la valla invicta. Dos datos que, en este contexto, valen más que cualquier análisis estético.
Dentro de un funcionamiento todavía irregular, hubo nombres propios que sostuvieron el resultado. Walter Mazzantti fue la figura determinante, marcando el pulso ofensivo en los momentos clave. Jerónimo Russo aportó orden y criterio, mientras que Luca Reggiardo se hizo fuerte en la mitad de la cancha, dándole al equipo una base que pocas veces había logrado en el torneo.
El grito final no fue uno más. Fue un desahogo. Un equipo golpeado, cuestionado y sin respuestas encontró en el resultado una bocanada de aire en medio de la asfixia. Porque este Newell’s no venía jugando finales: venía perdiéndolas.
Ahora, el verdadero desafío empieza después del festejo. Este triunfo no resuelve los problemas estructurales ni maquilla las falencias futbolísticas. Apenas abre una puerta: la de la confianza. Y en un equipo en terapia intensiva, eso ya es mucho.
Ganó. Y en este presente, eso alcanza. Pero si no construye sobre esta base, volverá rápidamente al mismo lugar del que hoy, por un rato, logró salir.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión