Newell’s le arrancó el clásico de las manos a Central
Opinión, por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
La Lepra rescató un 1-1 agónico en el Gigante cuando todo parecía condenado a otra derrota. Central tuvo el clásico servido, no lo cerró y terminó pagando caro. Cóccaro apareció en la última pelota y quebró una racha rojinegra que ya pesaba demasiado.
Newell’s no ganó el clásico. Pero esta vez tampoco lo perdió. Y después de seis derrotas consecutivas frente a Central, esa diferencia está lejos de ser un detalle.
El 1-1 en Arroyito tuvo sabor distinto para cada lado. Central quedó con la sensación amarga de haber dejado escapar un partido que tenía prácticamente abrochado. Newell’s, en cambio, encontró en la última jugada un empate que vale bastante más que un punto.
El Canalla golpeó sobre el cierre del primer tiempo. Ávila encontró una pelota y sacó una volea para el 1-0. No necesitó demasiado más. Con la ventaja y el peso de los últimos clásicos sobre la espalda rojinegra, el escenario parecía conocido.
Newell’s volvió a quedar obligado a correr desde atrás. Durante buena parte del complemento tuvo más voluntad que claridad y volvió a mostrar las dificultades de un equipo al que le cuesta transformar posesión e intención en situaciones realmente peligrosas.
Pero Kudelka acertó con el banco.
Los cambios le dieron otra energía a un equipo que se estaba quedando sin partido. Ramírez y Scarpeccio participaron de la acción que terminó encontrando a Cóccaro en el área. El delantero hizo lo que se espera de un nueve: apareció cuando quemaba la pelota.
Fue el 1-1 en tiempo de descuento. Primero hubo bandera arriba y festejo congelado. Después intervino el VAR, corrigió la decisión y desató el desahogo rojinegro.
Para Central quedó una pregunta incómoda: ¿cómo se le escapó un clásico que tenía controlado a segundos del final? Tuvo la ventaja, el estadio y una historia reciente completamente favorable. Pero no lo liquidó. Y en estos partidos, perdonar también cuesta.
Para Newell’s tampoco corresponde disfrazar el empate de hazaña. Sigue teniendo problemas, todavía debe mejorar mucho y un punto no borra las diferencias futbolísticas que arrastra. Pero consiguió algo que necesitaba con urgencia: dejar de perder contra su eterno rival.
Cóccaro no resolvió todos los problemas de la Lepra. Hizo algo más inmediato y mucho más terrenal: evitó la séptima derrota consecutiva en el clásico.
Y en Rosario, donde estos partidos suelen pesar más que cualquier tabla, Central terminó lamentando dos puntos que tenía en el bolsillo y Newell’s celebrando haber vuelto, al menos por una tarde, a levantarse de la lona.

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