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Opinión, por Mauro Yasprizza.
Anoche el estadio Marcelo Bielsa fue otro calvario. Otro sábado de insomnio. Otra función de terror para los hinchas de Newell’s Old Boys. La Lepra lo intentó, pero terminó pagando caro su propia mediocridad: 3-2 frente a Defensa y Justicia, un rival con más equilibrio que alma rojinegra.
Cayó otra vez — otra vez — como local, en un partido que debería haber sido una obligación ganar y que terminó siendo una dolorosa metáfora de este presente sombrío. Newell’s, posicionado 15° en la tabla de su zona de la Liga Profesional, exhibe una inconsistencia que ya no sorprende pero sí hiere profundo.
Defensa y Justicia lo pintó de cuerpo entero
El equipo de Varela no llegó a Rosario con miedo, llegó con ambición. Con hambre. Con claridad. Conjugó la fórmula que a Newell’s le falta: orden en defensa, verticalidad y puntos concretos. El resultado lo resume sin piedad: 3-2 y punto.
Defensa y Justicia provocó un baldazo de realidad: Newell’s no solo pierde, sino que su defensa se desintegra ante la primera presión seria. Las falencias atrás son constantes, casi crónicas, y ante rivales de menor jerarquía se transforman en un suicidio táctico.
El corazón de la cuestión: errores propios
Gol tras gol, la Lepra mostró su versión más frágil:
• Errores defensivos que rozan lo infantil.
• Desconexión entre líneas.
• Y un arco que se siente como un pozo sin fondo.
No es casualidad que el equipo dirigido por Orsi y Gómez (la dupla técnica que todavía busca cohesión) siga sin poder encontrar equilibrio. No es casualidad que Defensa lo haya superado en momentos clave. Y tampoco es casualidad que los hinchas de Newell’s pasen de la esperanza al hartazgo en segundos.
Nombres que duelen
En pleno 2026, cuando Newell’s necesita referentes con carácter, aparecen sombras en lugar de líderes:
• Martín Luciano, con buenas intenciones, pero que ayer se quedó corto y le costó en la última línea.
• Luciano Herrera y otros intentos ofensivos que generan más preguntas que respuestas.
Mientras tanto, del otro lado el goleador Juan Bautista Miritello emergió como verdugo con un doblete que dolió como puñal en la espalda.
La herida es más profunda
Newell’s no pierde solo partidos, pierde identidad. Su presente futbolístico es un laberinto de dudas, de medias soluciones y de un dolor que se repite como un vinilo rayado.
Los hinchas ya no reclaman por un gol: reclaman por coherencia. Piden un equipo que no desaparezca en los momentos decisivos. Que no se desmorone cuando el partido pide sangre fría. Que no convierta cada pelota parada en una pesadilla.
Conclusión: más que un marcador, una sentencia
La derrota ante Defensa y Justicia no fue una anécdota, fue un síntoma. Y no uno menor. Newell’s sigue siendo ese club con gloria en los estantes, pero con miedo en la mirada. Un club que parece preso de su propio teclado, escribe promesas, pero firma frustraciones.
Los rojinegros merecen más. El fútbol argentino también. Y en Rosario — mientras los hinchas se preguntan cuándo terminará este calvario — solo queda una certeza: Newell’s no levanta, y duele.

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