Newell’s y la seguridad: una apuesta dura para un problema que sigue intacto
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
La nueva conducción rojinegra puso al frente del área más sensible del club a dos ex jefes policiales con peso propio y trayectorias controvertidas. La decisión busca ordenar un territorio históricamente atravesado por violencia, barras y negocios ilegales. El interrogante es si alcanza.
La nueva dirigencia del Club Atlético Newell’s Old Boys eligió un camino directo: endurecer la seguridad con nombres fuertes. Al frente quedaron dos comisarios retirados con recorrido en la calle y conocimiento del mapa criminal rosarino: Aníbal “Popi” Rodríguez y Ernesto “Perro” Andreozzi. La señal política es clara. El resultado, todavía incierto.
El presidente Ignacio Boero, que asumió el 15 de diciembre, heredó un club donde la violencia no fue un hecho aislado sino un sistema. Durante más de una década, la tribuna rojinegra apareció en causas judiciales como escenario y herramienta de organizaciones criminales: extorsiones, control de servicios, alquileres, viajes y negocios paralelos que convivieron con la vida institucional.
Un problema estructural
Las investigaciones judiciales fueron contundentes: el núcleo del conflicto es interno. Empleados y socios involucrados en circuitos extorsivos, directivos atacados a balazos y un estadio utilizado como plataforma para presionar y recaudar. El despliegue de una bandera criminal en la despedida de Maxi Rodríguez terminó de exponer una trama que ya era conocida en tribunales.
Los antecedentes también pesan fuera del club. Frente al Coloso del Parque Independencia se cometieron asesinatos de alto impacto, incluido el del músico Lorenzo “Jimi” Altamirano en 2023, ejecutado con un mensaje mafioso dirigido a la barra.
Los elegidos
Andreozzi y Rodríguez llegan con experiencia, pero también con historias que generan ruido. Ambos cerraron sus carreras como jefes de la Unidad Regional de San Lorenzo y tuvieron cargos clave en áreas sensibles de la policía santafesina. Andreozzi, además, estuvo imputado en una causa vinculada a presuntas maniobras políticas —finalmente desestimada— y mantiene vínculos conocidos con el poder político del sur provincial.
Rodríguez, por su parte, condujo áreas estratégicas de Rosario y luego fue funcionario durante la gestión de Omar Perotti. Conocen el terreno. También conocen a muchos de sus actores.
La incógnita
La decisión de Boero es audaz, pero no garantiza resultados. El problema de Newell’s no es solo de seguridad externa: es de limpieza interna, de cortar vínculos, de desarmar cajas y de enfrentar intereses que durante años se movieron con comodidad dentro del club.
La pregunta que queda flotando es simple y brutal: ¿dos ex jefes policiales alcanzan para desmontar un entramado criminal que se incrustó en la tribuna y en la estructura misma de la institución? Newell’s empezó a mover fichas. Falta saber si esta vez el poder del club será más fuerte que el de la barra.

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