PASO santafesinas: la paliza de Pullaro, la sorpresa Monteverde y una tibia revalidación a la gestión de Javkin
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Por Eugenia Ludmer
La noche de las PASO en Santa Fe dejó mucha tela para cortar. Lo que se avizoraba como paridad en la categoría a gobernador, fue un batacazo dentro del frente Unidos, de la mano de Maximiliano Pullaro, quien ganó con el 51,64 por ciento de los votos. Frente a él, Carolina Losada, obtuvo un magro- si se tienen en cuenta las expectativas- 34,10 por ciento. En la Intendencia, Javkin se impuso, aunque no de manera contundente, ante Miguel Tessandori y logró la para nada deleznable revalidación de su gestión. El PJ quedó con efecto zombie: a Lewndowski no le alcanzó para ser el candidato más votado para suceder a Perotti. Por su parte, Sukerman, que en las elecciones anteriores estuvo a 8 mil votos del actual mandatario local, perdió por casi diez puntos contra el líder de Ciudad Futura, Juan Monteverde, con quien selló una alianza que su sector asoció a una victoria asegurada. Golpe psicológico devastador para el delfín de Agustín Rossi, con sabor a muerte política.
Pasadas las 21.00, Carolina Losada salió a reconocer la derrota desde un búnker desilusionado, tras haber apostado en la campaña a la denostación personal y política del adversario, a quien vinculó con el narcotráfico y rodeó de oscuridad, con un discurso al filo de la denuncia. Del otro lado, Pullaro, – siempre cauto y con una templanza de cirujano-, esperó algunos minutos y subió al escenario montado en el hotel Ariston, acompañado de figuras de peso del radicalismo nacional- incluida la fórmula presidencial Rodríguez Larreta-Morales-, con especial enfoque en Martín Lousteau, a quien ponderó por su apoyo desde el inicio. «Voy a dejar la vida por esta provincia», dijo el ex ministro de Seguridad.
El hombre de Hughes empezó a caminar la provincia silbando bajito hace casi dos años. Dialogó con sectores del empresariado, del campo, de la industria y, en lo discursivo, apeló a la memoria del electorado: recordó su gestión al mando de la cartera de Seguridad durante el gobierno de Miguel Lifschitz, a quien calificó durante su carrera proselitista como «el mejor gobernador de la historia» de la bota y eligió a su hijo, Federico, que hizo una gran elección, como postulante a concejal. Completó su binomio con Gisela Scaglia, del riñón del PRO puro, y armó así su rompecabezas electoral infalible.
En el peronismo invadió la amargura desde el minuto cero. Marcelo Lewandowski, de Juntos Avancemos, que ganó la interna a la Gobernación sin sobresaltos, estuvo lejos de ser el candidato más votado en lo individual y se posicionó tercero cómodo, a 165 mil votos de la segunda, Losada. De ahí que todos los análisis conducen al mismo lugar: la reprobación a la gestión de Perotti, que llegó a la Casa Gris bajo el lema «paz y orden» y se va con «guerra y caos», con el departamento Rosario desmadrado por la problemática de la violencia urbana y el narcomenudeo. Sin embargo, un dato llama la atención: el gobernador fue el más votado en su interna a Diputados, con alrededor del 60% de los sufragios. De todos modos, el peronismo alcanzó en esa categoría cifras similares a las de Gobernación: apenas el 28 por ciento de los votos.
Otra derrota dentro del PJ fue para Roberto Sukerman, quien hace al menos tres elecciones que aspira a ser intendente. Quedó a casi 10 puntos de Juan Monteverde, líder de Ciudad Futura, a quien pensó que se le imponía sin problemas. «Ahora sí, Sukerman intendente», había sido la frase que usó el sector del delfín de Agustín Rossi, después de las batallas perdidas. El saldo: una derrota más y el golpe psicológico es devastador, con olor a muerte política, al menos, en términos ejecutivos. De todos modos, hay que decirlo: el exconcejal sabe jugar este juego con destreza de contorsionista y se las ingeniará para acomodarse al nuevo mapa de posibilidades.
Revalidación tibia a la gestión Javkin
En el búnker del equipo de Pablo Javkin, que se apostó en el Mercado del Patio, el clima, entrada la noche, era de desahogo. Luego de conocerse que el actual jefe del Palacio de los Leones triunfaba en la interna frente a Miguel Tessandori, que obtuvo el 34,67 por ciento de los votos, el intendente se mostró eufórico, emocionado y dejó entrever las heridas personales y políticas de estos tres años al mando de los destinos de una ciudad vapuleada por la crisis de seguridad pública.
Consabido es que el intendente no tiene competencia en el manejo de las fuerzas policiales; sí en la confección de políticas públicas que atemperen la atmósfera de violencia atroz: control de adicciones, apertura de calles, contención alimentaria. Esas acciones van asomando de a poco- quizás con cierta tardanza- en la administración municipal, que atravesó dos años de pandemia y caminó con el pulso marcado por la estancada economía nacional.
Javkin, que merecía el festejo, claro, deberá medirse contra Monteverde en las generales. Sus fuerzas se orientarán a buscar los sufragios de Enrique Estévez, un socialista de sangre, que aglutinó menos de lo que tal vez merecía- el 16 por ciento-, pero a quien le espera un futuro promisorio. Lo mismo tendrá que hacer el mandatario rosarino con quienes eligieron a su antecesora, Mónica Fein, como candidata a gobernadora, con quien mantiene una relación tensa.
Con todo, la victoria era necesaria, pero de ninguna manera segura. La revalidación ciudadana a la gestión del ex hombre del Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS) es un hecho, tibio, pero un hecho al fin, que adquiere mayor empuje si se tienen en cuenta los triunfos de sus protegidos en las distintas ternas legislativas: a concejales, María Eugenia Schmuck, y a senador, Ciro Seisas.
Políticos tradicionales contra extranjeros
Por último, un análisis generalizado de los resultados trae el ineludible debate de época que recorre la esfera de lo público: los dirigentes tradicionales se enfrentan a los extranjeros- sobre todo periodistas-, a los que vienen de afuera de la arena partidista convencional.
Al menos eso será lo que sucederá en la disputa a la Gobernación el 10 de septiembre, en la que el cronista Marcelo Lewandowski se medirá ante el político de raza, Maximiliano Pullaro, con un final que se vislumbra cantado.
A su vez, el altísimo porcentaje de votos logrado por el ex De 12 a 14 Miguel Tessandori plantea un interrogante: ¿Qué hubiese pasado si el periodista, a quien prácticamente no se lo vio en campaña, hubiera hecho una carrera dedicada, constante y acorde a la compulsa?
Además, los nombres de Seisas y Lisandro Cavatorta para senadores son los que picaron en punta y entre ellos estará el nuevo senador departamental.
Las cartas están sobre la mesa. Los impactos de las sorpresas pasarán y los ahora candidatos tendrán que salir a seducir voluntades desencantadas- la participación fue del 63 por ciento en la provincia- por los duros golpes de una realidad que no da respiro.

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