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Nuevamente la violencia se apropió de las calles del Gran Rosario. Ya van 74 homicidios en este 2018, 20 en los últimos 17 días y eso eleva la preocupación de las autoridades en la materia. La policía no previene y el Ministro Maximiliano Pullaro busca herramientas para poder actuar.
No se puede pensar en una solución puntual, ni a corto plazo, cuando la violencia ha sido tan grande en los últimos años. La ciudad está repleta de malandras, enfierrados hasta los dientes, dispuestos a morir en la lucha por la venta de estupefacientes y el territorio. Y es difícil, sin dudas, enfrentar a estas mafias con las herramientas que permite la ley.
Mucho más difícil es, también, si la Justicia libera y es permisiva con salidas laborales y transitorias a estos delincuentes. No se puede ser estricto desde el proceso penal cuando no están dadas las condiciones de seguridad para propios y terceros. Y el garantismo que reina en los pasillos de los tribunales locales hace que desde el Poder Ejecutivo se responsabilice, una y otra vez, a los jueces que aplican la puerta giratoria.
El triple crímen de Baigorria, que coronó una de las semanas más sangrientas de nuestra historia, tiene como protagonistas a tres condenados. Uno de ellos, condenado por homicidio, que había obtenido el beneficio de la salida laboral mientras estaba detenido en la Comisaría 9na pero nunca más volvió. Estaba prófugo desde hace más de un año y es quien estaba alquilando en Granadero Baigorria un departamento. Es difícil creer que podía moverse por las calles, como pez en el agua, sin connivencia policial y con total inacción por parte de la Justicia.
Pullaro arremete con estadísticas, y son las estadísticas las que le están siendo esquivas por estos tiempos. Hablan de cantidad de re detenidos que estaban prófugos, de cantidad de armas que han recapturado de manos de los delincuentes a mano de la ley, del número de homicidios que fue descendiendo desde su llegada a la gestión del Ministerio de Seguridad. Pero ni cuando los datos acompañaban quería decir que todo se estaba solucionado, ni ahora que se ha recrudecido la violencia quiere decir que su gestión sea un fracaso.
Está frente a la cartera más difícil de todas. No se puede enfrentar a todos juntos a la vez. El fallo a los monos estuvo compuesto por condenados civiles y policías, y sobre todo eso tiene que actuar el ministro. Y cuando se avanza con uno, aparecerán otros que quieren el mismo espacio delictivo para su organización.
Patricia Bullrich habló de que “se le va a cortar la cabeza” a cualquier banda que quiera instalarse en el territorio local. Pero, ¿cómo sabemos si ya no están instaladas? Los Monos no son el final de la impunidad en la región, sino el principio de una lucha para que vuelva a ejercer el uso legítimo de la violencia física el Estado de derecho en los barrios y la periferia rosarina.
Ni el más entusiasta podía pensar que con una condena ejemplar se terminaban los efectos colaterales del negocio multi millonario del narcotráfico en la región.
