Qué país inventó el Black Friday
El megaevento que protagoniza el mes de noviembre ofrece todos los años múltiples rebajas a miles de personas que se organizan en largas filas de cara al último tramo del año.
El término Black Friday es uno de los más reconocidos en todo el mundo. Cada año, cuando llega noviembre, miles de personas lo asocian con rebajas, largas filas, ofertas anticipadas y un clima de consumo que parece transformar la rutina durante un fin de semana completo. Sin embargo, detrás de ese fenómeno global hay una historia más compleja, atravesada por cambios culturales, decisiones comerciales, crisis económicas e incluso malentendidos que se fueron solidificando con el tiempo.
A simple vista, la pregunta parece sencilla: ¿qué país inventó el Black Friday? La respuesta inmediata apunta a Estados Unidos, pero entender realmente cómo nació esta tradición implica leer varias capas de historia. Lo que hoy identificamos como “el día de descuentos más importante del año” pasó por múltiples interpretaciones antes de convertirse en lo que conocemos.
Por eso, explorar su origen es recorrer una línea de tiempo que mezcla economía, cultura popular, estrategias comerciales y la evolución misma del consumo. El Black Friday no nació de un día para el otro, sino que es el resultado de pequeñas transformaciones y relatos que fueron acumulándose a lo largo de varias décadas.
Un origen que no tiene nada que ver con compras
Aunque su uso actual está completamente asociado al consumo, la expresión Black Friday tiene raíces que nada tenían que ver con tiendas ni rebajas.
A finales del siglo XIX, el término se utilizaba en Estados Unidos para referirse a un colapso financiero ocurrido en 1869. Aquella jornada, marcada por la especulación y las maniobras de dos inversores, terminó en un desplome del precio del oro y una crisis que golpeó fuertemente a la economía del país. Los diarios, al describir el caos, comenzaron a llamar a ese día “viernes negro”.
Este episodio es parte del origen lingüístico del término, pero no está relacionado con la tradición comercial que conocemos. Sin embargo, demuestra cómo una expresión puede renacer con un significado completamente distinto cuando aparece en otro contexto histórico.
Filadelfia y la primera referencia al caos del consumo
Para llegar al Black Friday moderno, hay que saltar casi un siglo y viajar a la década de 1950. Ahí aparece la primera conexión directa entre la expresión y el consumo, aunque todavía no en el sentido actual de “día de descuentos”.
En Filadelfia, cada año, el sábado posterior al Día de Acción de Gracias se jugaba un partido de fútbol americano muy popular entre la Marina y el Ejército de Estados Unidos. Cientos de miles de personas llegaban a la ciudad para ver el evento, lo que provocaba un caos absoluto: tráfico colapsado, calles abarrotadas, robos pequeños, confusiones y una saturación generalizada en los comercios.
Los policías de tránsito, agotados y con turnos de más de 12 horas, comenzaron a llamar a ese día “viernes negro”. La expresión nació como una queja, una forma de describir un escenario desbordado. No tenía nada que ver con promociones o descuentos, sino con un estrés colectivo que invadía la ciudad.
Los diarios locales recogieron esa expresión, y poco a poco, el término comenzó a expandirse.
De un día caótico a una oportunidad comercial
A medida que el uso del término se extendió, algunos comerciantes de Filadelfia comenzaron a observar un patrón: aunque las calles eran un caos, también habían aumentado las ventas. La llegada masiva de visitantes generaba un movimiento comercial inusual en la víspera del partido.
A principios de los años 60, los comercios decidieron adoptar el término de manera estratégica. En lugar de referirse al descontrol, lo utilizaron para promocionar liquidaciones y atraer aún más gente. Era un intento por convertir un problema en una oportunidad.
Sin embargo, muchos comerciantes se resistían. La palabra “negro” tenía una connotación negativa y temían que alejara clientes. Para suavizar el impacto, algunos intentaron rebautizarlo como “Big Friday”, pero el público nunca adoptó esta alternativa. Finalmente, la expresión original se impuso.
En esta etapa, el Black Friday ya había adquirido un matiz comercial, aunque todavía se circunscribía principalmente a Filadelfia y no tenía la dimensión nacional que alcanzaría años más tarde.

La construcción cultural del Black Friday moderno
El verdadero impulso del Black Friday llegó cuando las grandes cadenas comenzaron a utilizarlo como estrategia de marketing nacional. Concibieron la fecha como el comienzo oficial de la temporada de compras navideñas, un período clave para la economía estadounidense.
Las puertas que se abrían de madrugada, las largas filas y los descuentos masivos se convirtieron en parte del imaginario colectivo. Las noticias repetían imágenes de multitudes ansiosas entrando a los comercios, lo que alimentaba aún más la participación.
Durante los años 90, este fenómeno ya estaba completamente instalado. Para muchos consumidores, el Black Friday se transformó en un evento social además de comercial: familias enteras salían a comprar juntas, se organizaban estrategias previas y algunos incluso acampaban frente a los comercios para asegurarse un lugar en la fila.
Internet cambia las reglas del juego
La llegada del comercio electrónico dio un giro inesperado al Black Friday. A principios de los 2000, ya no era necesario hacer largas filas para participar: por primera vez, miles de personas podían acceder a ofertas desde sus casas.
Esta transformación amplió el alcance del evento, redujo la dependencia del espacio físico y permitió que los descuentos duraran más de un día. El Black Friday dejó de ser solo un viernes con rebajas: se convirtió en una semana entera de promociones, seguida por el “Cyber Monday” y, en algunos casos, por eventos que se extendían hasta diciembre.
Internet fue también el puente para dar paso a la internacionalización. Lo que había nacido en un solo país comenzó a replicarse en decenas de mercados alrededor del mundo.

Cómo llegó el Black Friday al resto del mundo
El Black Friday cruzó fronteras gracias a dos fuerzas principales: la globalización y el comercio electrónico. Muchas empresas con presencia internacional decidieron replicar la fecha en otros países, adaptándola a sus calendarios locales y a sus hábitos de consumo.
De esta manera, lo que había nacido como un fenómeno estadounidense comenzó a instalarse en América Latina, Europa y Asia. Cada país adoptó la fecha según sus características, a veces manteniendo la cercanía con Acción de Gracias y otras veces ajustándola a sus temporadas comerciales.
Para millones de personas fuera de Estados Unidos, el Black Friday ya no está asociado a un feriado norteamericano o a un partido de fútbol en Filadelfia. Directamente se lo reconoce como un período de rebajas notable. El origen académico queda en segundo plano frente a la fuerza del presente.
Por qué se mantiene vigente después de tantos años
Si algo explica la permanencia del Black Friday es su capacidad para renovarse. Nació como un término negativo, se convirtió en estrategia local, luego en tradición nacional y finalmente en fenómeno global.
Se adaptó a los cambios del mercado, al paso del comercio físico al digital, a nuevas formas de consumo e incluso a contextos económicos fluctuantes. Cada generación lo reinterpretó a su manera.
Su vigencia no se sostiene solo por las rebajas, sino por la experiencia: historias familiares, rituales compartidos y hasta memes virales contribuyeron a que este día se mantenga en el imaginario colectivo.
Hoy, en pleno 2025, el Black Friday se vive como un evento que mezcla entretenimiento, planificación, expectativa y oportunidades. Y aunque su origen esté en Estados Unidos, lo que representa supera ampliamente su país de nacimiento.
Una tradición estadounidense que se volvió patrimonio global
Entonces, ¿qué país inventó el Black Friday?
La respuesta es clara: Estados Unidos, primero desde un contexto histórico relacionado con crisis financieras, luego desde el caos urbano de Filadelfia y finalmente como una estrategia comercial que terminó expandiéndose por el mundo.
Pero su historia demuestra que ningún fenómeno cultural es estático. El Black Friday comenzó siendo una palabra de connotación negativa y terminó como un símbolo global de compras y celebración.
Lo que empezó en un país se transformó en una práctica mundial, resignificada por cada cultura y cada consumidor. Y esa evolución, más que la fecha en sí, es lo que explica por qué este fenómeno sigue siendo tan relevante.

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