Quieren meterse hasta en el pogo: la política ahora también busca colgarse del Indio
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
:format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/gghgf.jpeg)
Opinión. Por Mauro Yasprizza.
Un proyecto para crear el Día Nacional de la Cultura Ricotera y el Pogo reabre una vieja discusión: la necesidad de algunos dirigentes de apropiarse de todo aquello que genera identidad, emoción y convocatoria popular.
La política argentina tiene una habilidad extraordinaria. Cuando no puede crear un fenómeno popular, intenta apropiarse de uno que ya existe.
Le pasó al fútbol. Le pasó a la Selección. Le pasó a Diego Maradona. Le pasó a Lionel Messi. Y ahora parece que también le llegó el turno al Indio Solari.
La iniciativa impulsada por el diputado Esteban Paulón para instituir el Día Nacional de la Cultura Ricotera y el Pogo podría parecer, a primera vista, un homenaje inocente. Una forma de reconocer un fenómeno cultural que marcó a varias generaciones. Pero detrás de la supuesta celebración aparece una pregunta inevitable: ¿por qué la política siente la necesidad permanente de ponerle un sello estatal a todo aquello que funciona sin ella?
Porque el ricoterismo jamás necesitó diputados. No necesitó ministerios. No necesitó ordenanzas. No necesitó declaraciones de interés. Mucho menos necesitó políticos explicando qué significa ser ricotero.
La cultura ricotera nació precisamente lejos de esas estructuras. Creció desconfiando de los discursos oficiales, de los aparatos, de los sellos y de las instituciones que siempre llegan tarde a las cosas importantes.
Los Redondos llenaban estadios cuando muchos dirigentes todavía discutían encuestas. El Indio convocaba multitudes cuando la política ya había perdido buena parte de su capacidad de enamorar a la sociedad.
Y quizás ahí aparezca el verdadero motivo de fondo. La envidia de la convocatoria. Porque mientras los actos partidarios requieren micros, estructuras, punteros, recursos y logística para reunir gente, el Indio lograba movilizar cientos de miles de personas únicamente con una canción.
Sin cargos. Sin cajas. Sin aparato. Sin Estado.
Es difícil no advertir cierta fascinación de la política por cualquier fenómeno que conserve aquello que ella perdió hace tiempo: credibilidad emocional.
Por eso cada tanto intenta acercarse.
Saca una foto.
Presenta una declaración.
Impulsa una efeméride.
Levanta una bandera que nunca fue suya.
Y después intenta convencer a todos de que siempre estuvo ahí.
El problema es que el pogo no nació en una comisión legislativa.
No surgió de una sesión especial.
No fue producto de un consenso parlamentario.
Nació del barro, de la ruta, de los recitales interminables, de las noches de trenes repletos y de una generación que encontró pertenencia sin pedirle permiso a nadie.
Por eso resulta inevitable sentir que este proyecto llega con el aroma inconfundible del oportunismo político.
Ese perfume que aparece cada vez que algo se vuelve masivo.
Porque nadie presenta el Día Nacional de los Fracasos Políticos.
Nadie impulsa el Día Nacional de las Promesas Incumplidas.
Nadie propone homenajear la distancia creciente entre la dirigencia y la sociedad.
Pero cuando aparece algo querido, convocante y transversal, ahí sí aparecen las ganas de subirse al escenario.
Quizás el mejor homenaje que podrían hacerle al Indio sea exactamente el contrario.
Dejarlo en paz.
Dejar que siga perteneciendo a la gente.
Al fin y al cabo, la cultura ricotera sobrevivió décadas sin la ayuda de la política.
Y probablemente siga sobreviviendo mucho después de que los nombres de quienes hoy intentan legislarla hayan desaparecido de la memoria colectiva.
Porque hay algo que los expedientes nunca van a entender.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión