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Difícil vivir de milagros como el de Marcos Rojo contra Nigeria. Sin conducción desde el banco de suplentes es imposible tener aspiraciones serias en una Copa del Mundo. Argentina en Rusia 2018 tuvo a Jorge Sampaoli como entrenador, ese fue el principal problema.
El DT probó esquemas, tácticas y nombres en medio de un Mundial, insólito. Arrancó planteando ante Islandia un partido que bien pudo ser para Croacia y frente a los balcánicos dispuso una formación más acorde a lo audacia que necesitaba el choque contra los «Vikingos».
Los futbolistas se reunieron con el Zurdo tras el papelón en Nizhni Nóvgorod porque se venía Nigeria y había una vida más. En los primeros 45 minutos, se jugó más como quería el plantel, se hizo bien y apareció la sociedad Banega-Messi. Todo se desmoronó con el empate africano y sólo podía salvar a la Albiceleste un milagro y así fue cuando Rojo apareció por sorpresa dentro del área e impactar de derecha un centro de Mercado.
Ánimo revitalizado, momento de enfrentar a Francia en octavos, parecía ser lo más lógico apostar al mismo once inicial que funcionó bien en los primeros 45 minutos contra los nigerianos, pero no fue así. Sampaoli decidió volver a probar algo diferente, Pavón por Higuaín con Messi de «falso 9» donde sólo jugó en el Barcelona de Pep Guardiola con volantes y laterales que pisaban el área constantemente.
¿Qué pasó ante los galos? Un equipo que pareció tirado a la cancha, con un retroceso casi amateur que le facilitó todo a los de Didier Deschamps. Penal infantil de Rojo a Mbappé y gol de Grizmann. Argentina no encontraba soluciones, no había referencias en el área para los que intentaban desbordar por los costados, pero un zurdazo tremendo de Di María puso el marcador 1-1.
De carambola Mercado anotó el 2-1 cuando arrancaba el segundo tiempo. Un equipo con una conducción seria en el banco de suplentes y en el medio de un mano a mano de una Copa del Mundo debiera saber cómo sostener el resultado favorable, como agrupar líneas y estar preparado para salir de contragolpe e intentar liquidar el encuentro.
Nada de eso pasó, en diez minutos un conjunto más y mejor trabajado pasó por encima a la Albiceleste. Ya era tarde, otra vez, para los cambios del ex entrenador de Chile, que mandó a la cancha a Agüero por Enzo Pérez y su última carta (porque Fazio reeemplazó en el entretiempo a Rojo) fue el inexperto Maxi Meza en reemplazo de Pavón. Sí, Higuaín y Dibala vieron la eliminación argentina desde el banco de suplentes.
Sampaoli hizo absolutamente todo mal. Fue una catarata de errores durante lo que duró el Mundial, de forma insólita probó esquemas en el medio del máximo torneo futbolístico. Línea de cuatro o de tres, doble cinco de marca, o mixto, referente de área o «falso 9».
El técnico probó, cambió nombres, táctica, pero todo el tiempo pareció que dependía que funcione la improvisación o alguna individualidad. Rotundo fracaso de Sampaoli, que posiblemente quedará como uno de los peores técnicos que se hayan puesto el buzo de la Selección.
