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La mejor forma de ganarle al Casino es quedarte en la puerta. Eso fue lo que dijo Roque, uno de los referentes de Jugadores Anónimos de Rosario (JA), a Rosario Nuestro en el comienzo de la entrevista sobre aumento de ludópatas en la ciudad. Roque jamás reveló ni revelará su nombre y apellido, porque, justamente, la razón de ser de JA es que uno trate su enfermedad sin ser estigmatizado socialmente o, sencillamente, porque sus nombres ficticios son los que utilizan hasta que puedan volver a ser ellos mismos, es decir, seres confiables que no tienen la necesidad compulsiva de apostarlo todo, todo el tiempo.
En Rosario no existen cifras oficiales sobre ludópatas. Tampoco se ven propagandas de prevención o de tratamiento de la enfermedad. No se escucha a ningún político, asesor o funcionario hablar de la problemática. Nadie es capaz de reconocer a un ludópata en la calle, ni siquiera el Estado. Por desidia o por incompetencia. Los ludópatas de la ciudad se tratan de ayudar entre sí. Son como hermanos que batallan todos los días por no jugar, al menos por 24 horas.
“Van a tener que ir a Las Vegas para encontrar uno similar”, decretó el 1° de octubre del 2009, Ricardo Benedicto, uno de los gerentes de Casino Club, el grupo que posee el 50 % del capital accionario junto con los españoles Cirsa. Se trató de una mega inversión que superó los 270 millones de dólares. “El más grande de Sudamérica”, anunciaron. La licitación, que se llevó a cabo bajo el mandato del ex gobernador de la provincia de Santa Fe, Jorge Obeid, tenía como objetivo una inversión mínima de 35 millones de dólares, pero, finalmente, el monto se multiplicó por siete. Lo que no se sabía, o sí, fue que también se duplicarían los enfermos de ludopatía en Rosario.

Tanto Vicente Bondi como Mariano Montecchiesi, quienes se encargan de liderar la Asociación Nazareth de Rosario, confirmaron a Rosario Nuestro que la cantidad de ludópatas que reciben “se duplicó” y que por eso tuvieron que “armar un dispositivo exclusivo” para atender la demanda. La gravedad del asunto se refleja en que hoy en día es “la primera patología” que atienden en la sede de calle Güemes 2735.
“Para darse una idea en el 2014 teníamos 4 personas enfermas de ludopatía, 1 solo era asistido y los demás con comorbilidad”, es decir que tiene otra patología de base. “Actualmente duplicamos la cantidad de pacientes y, además, las consultas que recibimos son específicas por la enfermedad”, afirmaron ambos.
DESIDIA Y SOLEDAD
Las personas que llegan a Nazareth están en extrema desprotección. Recurren a la Asociación, porque no saben dónde más ir. Son, de algún modo, su última esperanza. “El principal móvil que los obliga acercarse es la cuestión económica, porque se jugaron todo, tienen deudas y no saben qué mas hacer”, explican los líderes.
“La realidad-continúan- es que no hay ningún tipo de ayuda estatal ni en Rosario ni a nivel provincial; de hecho, hay una línea de teléfono donde te realizan un test para que uno pueda detectar o darse cuenta qué tan comprometido está con el juego, nada más”, se lamentaron.
Rosario Nuestro corroboró los datos ingresando al portal de la provincia de Santa Fe (santafe.gov.ar), accediendo luego a la sección Economía y, de ahí, en la pestaña Juego Responsable, en el que se encuentra un texto que indica: La Caja de Asistencia Social – Lotería de Santa Fe renueva todos los años su propuesta de desarrollo e implementación de políticas públicas que beneficien la salud de los santafecinos bajo el slogan “Si jugás, que sea solamente por diversión”. Luego, proporciona un link, que deriva hacia la página web de la Lotería de Santa Fe donde efectivamente hay una suerte de test.

VICIO MODERNIZADO
Roque no conoce “Fortnite”, el juego con el que Thiago Lapp de 13 años, oriundo de Tigre, ganó 900 mil dólares por haber quedado en el quinto puesto en placements de solitario en el Mundial que se desarrolló en el estadio Arthur Ashe de Nueva York, donde se disputa anualmente el US Open, pero sí sabe mucho de Casinos, Loterías y juego de cartas.
“Una vez por semana tenía que conseguir dinero para viajar, para poder jugar a la Quiniela. Y también me gustaba mucho el Casino. Hacía lo imposible para en 15, 20 días juntar dinero -porque yo no tenía, trataba de juntar de cualquier lado y, así, poder viajar. Pero los viajes eran, ya te digo Corral de Bustos o el casino de Paraná. Siempre a través de la mentira, porque yo tengo una familia detrás que sabían de lo mío, pero no de qué manera estaba en mí”, contó Roque sobre su enfermedad.
Consciente del problema fue en el año 2011 cuando cayó en un pozo terrible. Contrajo una deuda que no podía sostener más y la mentira tampoco. “Mis hijas se dieron cuenta, mi señora se dio cuenta, con la salvedad de que cada una de ellas concurren desde el año 2005 al programa JUG-ANON” (https://jugadoresanonimos.org.ar/) para familiares de adictos, donde se trata el cómo puede la familia ayudar y convivir con el ludópata.
“Ellas fueron en el 2005 tratando de llevarme a mí. Costó muchísimo. Nunca acepté ir a un grupo. En el 2011 me empujaron a iry desde ahí cambió todo. Cuando conocí la gente que estaba allí empecé de a poquito a jugar cada vez menos y ya llevo 8 años sin jugar”, festejó Roque.
“Yo quiero llevar el mensaje de que se puede. Porque sabemos que hay muchos, porque al abrir el Casino de Victoria y en Rosario avanzó muchísimo la enfermedad. Nosotros la llamamos una enfermedad, aunque no es fácil aceptarla. La gente viene al grupo, pero cuesta que se mantengan, porque vienen una vez, dos veces, tres veces y después la gente desaparece. No admite”, relató.
“Yo gané mucho. Yo he salido con dinero para comprarme dos autos y al otro día no tenía más. Ahí me di cuenta. Pero volvía por esa noche. Salía de los casinos con una felicidad terrible. A la semana no tenía más dinero y de vuelta encima los prestamistas, los bancos, la cadena de deudas y mentiras, mentiras, mentiras, yo vivía mintiendo.Yo había perdido dinero, tarjetas, todo y encontraba gente que me prestaba dinero. Uno se la rebusca para buscar plata. El ludópata no quiere ayuda, le cuesta mucho pedir ayuda”, contó Roque.
Tanto él como los líderes de Nazareth saben que el juego online es “mucho más peligroso”, porque “ni siquiera te tenés que mover” y el dinero “ni lo tocás”, por ende “te lleva a endulzarte más y perder toda noción de lo que estás invirtiendo o cuánto estás perdiendo”, apuntan y señalan: “Además, el juego online te aísla, porque se encierran a jugar solos; es diferente al Casino, son dos cosas separadas”, argumentaron Bondi y Montecchiesi de Nazareth.
¿SALUD? MENTAL
Rosario Nuestro dialogó con la directora provincial de Salud Mental, Lilian Olguín, sobre la problemática de la ludopatía. La funcionaria reconoció el problema y admitió que puede que haya un crecimiento.
Sin embargo, frente a la consulta sobre cuáles son las medidas de prevención o contención que ofrece la Provincia para los enfermos de Ludopatía, expresó que “no hay un dispositivo específico para tratar la problemática”, “tampoco hay cifras oficiales o estimativas” sobre cuántas personas enfermas hay, “no se cuenta con un espacio de guarda” para los enfermos que perdieron hasta su casa.
Según Olguín, desde su dirección no centralizan los problemas, sino que “lo hacemos singular” y agregó: “Todas las personas pueden consultar o atenderse en los 130 dispositivos de Salud Mental que hay distribuidos en el territorio, además de cualquier centro de Salud u Hospital donde podrán darle atención”.
Muy alejado de hacer uso de las posibilidades mencionadas por la funcionaria, llevaron a que Roque tenga su primera reunión en Jugadores Anónimos: “En mi caso al grupo me llevaron mi señora y mi hija; Si vos no vas te echamos, me dijeron. A mí me echaron de mi casa. Yo les prometí que sí iba a ir. Estuve 5 meses sin llevar un peso y las últimas veces que yo quería llevármela toda les dije la verdad. Cuando blanquié la verdad no me querían más. Las hice sufrir durante 10 años. Por eso, el 90% de los que me llaman son los familiares, no los jugadores”, contó.
Y, finalmente, recordó: “A mí me han dicho que era un enfermo y yo les respondía que se las tomaran, que mañana sabés cuánto gano, yo tuve mala suerte, ésa era mi palabra. Lamentablemente, al otro día iba y ganaba un poquito, pero al día siguiente iba y la perdía toda”.
