Trapitos: el Senado busca reactivar la ley y volver al proyecto original
Ciro Seisas confirmó que impulsará el tratamiento de la iniciativa el próximo 2 de julio. Cuestionó los cambios realizados en Diputados y advirtió que algunas modificaciones terminan vaciando de contenido una norma que apunta a prohibir la actividad de cuidacoches en toda la provincia.
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Por Mauro Yasprizza.
La discusión sobre los trapitos volverá a ocupar un lugar central en la Legislatura santafesina. El senador provincial Ciro Seisas anunció que buscará que el proyecto que prohíbe la actividad sea tratado nuevamente el próximo 2 de julio, con la intención de recuperar el texto original que había sido aprobado por la Cámara de Senadores.
La iniciativa propone incorporar la actividad de los cuidacoches y limpiavidrios al Código de Convivencia provincial, estableciendo su prohibición en el territorio santafesino. Al mismo tiempo, contempla que cada municipio pueda adaptar la normativa a través de ordenanzas locales, incorporando herramientas de ordenamiento urbano y programas de inclusión social para quienes hoy desarrollan esta tarea de manera informal.
Según explicó Seisas, el proyecto original surgió tras meses de debate en ambas cámaras y buscó dar una respuesta a una problemática que desde hace años genera conflictos en distintas ciudades de la provincia. El legislador sostuvo que el fenómeno dejó de ser una discusión exclusivamente local y hoy forma parte de una agenda que también atraviesa a otras provincias del país.
Sin embargo, el senador cuestionó las modificaciones introducidas durante el tratamiento en Diputados. En particular, apuntó contra el criterio que exige demostrar situaciones de intimidación, coerción o extorsión para sancionar la actividad.
A su entender, esa modificación debilita la ley porque esas conductas ya están contempladas en la legislación vigente. “Si para actuar hay que probar una extorsión o una amenaza, entonces no hace falta una ley específica para los trapitos”, planteó.
Otro de los puntos observados por Seisas fue la incorporación de nuevos cargos judiciales dentro del proyecto. Si bien aclaró que no está en contra de ampliar estructuras cuando sea necesario, consideró que esa discusión no debería formar parte de una norma destinada a regular una problemática puntual vinculada al espacio público.
Detrás de la discusión legislativa aparece un debate más profundo. Durante años la figura del trapito quedó atrapada entre la tolerancia social, la falta de regulación y los reclamos de vecinos y comerciantes. Para algunos representa una salida laboral precaria; para otros, una práctica que en muchos casos deriva en situaciones de presión, ocupación indebida del espacio público y conflictos cotidianos.
La definición que adopte la Legislatura marcará un rumbo. No resolverá por sí sola un fenómeno que lleva décadas instalado, pero sí permitirá establecer con claridad qué lugar está dispuesto a darle el Estado a una actividad que, hasta ahora, se movió en una zona gris.
El 2 de julio será una fecha clave. Allí se sabrá si la política logra cerrar una discusión que lleva meses de idas y vueltas o si el debate sobre los trapitos seguirá estacionado en el mismo lugar donde permanece desde hace más de treinta años: en el terreno de las soluciones inconclusas.

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