Una derrota que preocupa más por las formas que por el resultado
Opinión, por Mauro Yasprizza.
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Por Mauro Yasprizza.
Newell’s perdió en Avellaneda, pero el 1-0 termina siendo apenas un dato estadístico. Lo realmente preocupante fue la imagen que dejó el equipo de Frank Darío Kudelka. Sin juego, sin rebeldía y sin respuestas futbolísticas, la Lepra pareció aceptar la derrota mucho antes del pitazo final. Apenas inquietó a Rodrigo Rey y, para colmo, volvió a pagar un precio altísimo con nuevas lesiones: Walter Núñez y Walter Mazzanti tampoco pudieron completar el encuentro y se sumaron a una lista de bajas que ya empieza a condicionar el arranque del campeonato.
Lo que se vio en Avellaneda fue un retroceso importante respecto del debut ante Talleres. Aquella intensidad para presionar y competir desapareció casi por completo. Independiente manejó el partido con mayor autoridad y Newell’s nunca encontró la manera de incomodarlo. El equipo dio la sensación de correr siempre detrás de la pelota y de las decisiones del rival.
El problema ya no pasa solamente por perder. En el fútbol argentino cualquiera puede caer en una cancha difícil. Lo que genera alarma es la falta de recursos cuando el partido se pone cuesta arriba. Newell’s no mostró variantes, no cambió el ritmo, no encontró sociedades y terminó dependiendo de alguna acción aislada que nunca llegó.
También empieza a ser un tema serio el aspecto físico. Dos fechas, una enfermería repleta y un plantel que ya pierde piezas importantes. No es una casualidad cuando los problemas musculares se repiten. Puede haber mala fortuna, pero también hay preguntas que el cuerpo técnico deberá responder puertas adentro. Porque competir cada fin de semana con medio equipo entre algodones es regalar demasiada ventaja.
Kudelka todavía tiene crédito, pero el margen nunca es eterno en un club como Newell’s. El triunfo del debut había traído algo de tranquilidad y alimentó una ilusión moderada. Esa tranquilidad duró apenas una semana. En Avellaneda el equipo volvió a mostrar una versión demasiado tibia, sin personalidad para discutir el partido y sin fútbol para sostener una idea.
Ahora aparece Boca en el Coloso. Y ese partido vale mucho más que tres puntos. Será una prueba de carácter. La gente puede tolerar una derrota, pero difícilmente acepte otra actuación sin respuestas. Porque cuando un equipo deja de competir, la preocupación deja de estar en el resultado y pasa directamente al futuro.

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