Por Mauro Yasprizza
El retiro opositor de la comisión de Régimen Municipal es una postal de la política que prefiere el gesto vacío antes que la discusión real. Argumentar que “no estamos dispuestos a formar parte de un simulacro” suena a slogan de barricada, no a posición responsable de quienes tienen la obligación de dar el debate.
Porque si de verdad se trata de una oportunidad histórica, como repiten, entonces era allí —en el recinto, en la mesa de trabajo, en la letra chica de los artículos— donde había que dar la pelea. No en un comunicado, no en un tuit, no en un portazo. Con la banca vacía no se construye pluralidad, se la achica.
La crítica al oficialismo por representar “solo al 30% que los votó” desnuda otra contradicción. En democracia, gobierna quien logra más votos. Ese es el contrato básico que legitima cualquier gestión, aquí y en cualquier parte del mundo. Lo demás es desconocer la regla de juego que la misma oposición aceptó al presentarse a elecciones.
El oficialismo podrá tener sus falencias y cometer errores, pero al menos se sienta a la mesa y avanza. La oposición, en cambio, elige retirarse y regalarle al otro el monopolio de la palabra. Después, claro, se quejan de que no los escuchan. Pero ¿cómo escuchar a quien se niega a hablar?
La política no se construye con frases efectistas ni con comunicados rimbombantes. Se construye con presencia, con discusión, con negociación. La oposición tenía la oportunidad de ser protagonista de un debate histórico. Eligió ser espectadora. Y en política, el que abandona, pierde.
Lo demás es puro acting: si la oposición cree que con un portazo se escribe la Constitución, que lo intente. Tal vez algún día descubran que los grandes debates no se ganan desde el hall del recinto, sino adentro, con la lapicera en la mano y no con la silla vacía.
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